viernes, 30 de julio de 2010

Pontius Pilatus

Alex Darío Rivera M.

“Si Jesucristo hubiese estado del lado de los opresores, hubiese muerto de viejo” Padre Andrés Tamayo


Al curiosear la compleja biografía de Poncio Pilato, nos enteramos que fue designado como procurador de Judea por parte de Tiberio a instancias de su prefecto pretorio: Lucio Elio Sejano. Asimismo su intento fallido de romanizar Judea al introducir imágenes de culto al César y su anhelo de construir un acueducto con los fondos del Templo.

Sus persistentes desavenencias con el pueblo judío le obligaron trasladar a Cesarea (Jerusalén) su centro de poder a fin de contrarrestar las revueltas de estos. Fue un acérrimo defensor del imperio romano, de esa postura surge su odio personal contra Barrabás, quien, entre sus delitos, se encontraba el asesinato de un soldado romano. Su carrera de procurador finalizó cuando fue relevado del mando de Judea -en el año 36 ó 37 D. C.- luego de reprimir fuertemente una revuelta de samaritanos, en la que crucificó a varios de los alborotadores.

Algunos de estos retazos históricos han llegado a nosotros gracias a las referencias de la época realizadas por diversos personajes como Justino Mártir, el historiador romano Tácito, el escritor de Alejandría (Egipto) Filón y el historiador Josefo. Pero más allá de los detalles de su vida y de la inspiración que ha despertado en literatos como Anatole France y James Joyce para la caracterización de algunos de sus personajes más célebres, es su aparición en los evangelios y su vínculo directo en la ejecución de Jesús. Según dichos evangelios, Jesús fue apresado por orden de Caifás y los sumos sacerdotes, acusándolo de sedición por su identificación con los pobres, su siempre postura crítica a los sumos sacerdotes y evidenciar un no disimulado antiimperialismo.

En virtud de que la pena capital solo podía ser aplicada por los romanos, solicitaron a Pilato que lo ejecutara. Éste a pesar de no encontrarlo culpable, deja que el pueblo enardecido e inconsciente decida entre liberar a Barrabás o liberar a Jesús. El pueblo, liderado por los mismos sumos sacerdotes, escoge la liberación de Barrabás y la crucifixión de Jesús. Frente al fallo “popular”, Pilato, de forma alegórica, lavó sus manos evadiendo su responsabilidad sobre tal decisión, mientras enunciaba una frase que ha logrado trascender más de dos mil años de historia: "No soy responsable por la sangre de este hombre".

Asimismo, a partir de ese momento, abrió la senda para que en el transcurso de las vicisitudes del ser humano, siempre se establezcan analogías entre los hombres que ante sus compromisos asumen una actitud evasiva de sus responsabilidades y éste personaje de los evangelios. En este sentido, me parece que esa evocación de la estampa de Pilato, pudiese poseer similitudes con el papel asumido antes, durante y después del golpe de Estado por parte del cardenal Óscar Andrés Rodríguez. Es preciso recordar que el Padre Fausto Milla después de denunciar la masacre de más de trescientas personas en el río Sumpul, ocurrida el 14 de mayo de 1980, fue obligado el 20 de enero de 1982 a abandonar el país. Al día siguiente, en un reportaje publicado en diario Tiempo, el Padre Milla acusa al Obispo Oscar Andrés Rodríguez de complicidad con las Fuerzas Armadas y declaró que éste “más que un pastor parece un coronel”.

Entre las características comunes que se ponen de relieve entre el Cardenal Rodríguez y Poncio Pilato, es su evidente lealtad con el imperialismo, sino recordemos su fuerte oposición al socialismo del siglo XXI, sus denuncias en contra de la Revolución Bolivariana y su silencio, apoyo y tolerancia a los crímenes de lesa humanidad gestados desde los Estados Unidos de América para con diversos pueblos del planeta. Su falta de compromiso -en la praxis- a favor los sectores marginados de la sociedad hondureña, sino basta recordar su indiferencia ante el vergonzoso hecho perpetrado por el gobierno usurpador al suspender al Padre Andrés Tamayo su nacionalidad hondureña por identificarse con las causas de los pobres. No olvidemos sus declaraciones en contra del proceso de consulta denominado la Cuarta Urna y su fobia de consultar al pueblo satanizando a los sistemas antiimperialistas de la sufrida América Latina.

Siempre denunció el supuesto “intervencionismo” del Presidente Hugo Chávez y guardó silencio ante la permanente ocupación norteamericana de nuestra patria. Siempre mostró desconfianza ante la solidaridad de la Alianza Bolivariana para las Américas, pero nunca ante el entreguismo y la injusticia de los Tratados de “Libre” Comercio.

Los hondureños y las hondureñas que consideramos tener dignidad, nunca olvidaremos aquel comunicado emitido por la Conferencia Episcopal encabezada por el Cardenal Rodríguez en los primeros días del mes julio del año anterior negando el golpe de Estado, asegurando que “las instituciones del Estado democrático hondureño está[ba]n en vigencia”, que “sus ejecutorias en materia jurídico-legal ha[bía]n sido apegadas a derecho” y “los tres poderes del Estado está[ba]n en vigor legal y democrático de acuerdo a la Constitución de la República de Honduras”, puesto que cuando Zelaya fue capturado por los militares “ya no se desempeñaba como Presidente de la República”.

Igual que Pilato, -a lo mejor solo con su indiferencia- apoyo la represión, la tortura, la censura y los asesinatos cometidos y que se continúan cometiendo en esta Honduras, pero sin temor a dudas, la característica más parecida a del Cardenal con el Procurador de Judea, es el cinismo que le ha aflorado al ahora aceptar que lo ocurrido el 28 de junio del 2009, fue un golpe de Estado y negar su participación en el mismo, a tal punto que lo único que le faltó decir de manera literal fue: "No soy responsable por la sangre de este hombre (Entiéndase Pueblo)".

Alex Darío Rivera M: Educador y Escritor Santabarbarense; Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán”.

Fuente: Vos el soberano

No hay comentarios:

Publicar un comentario