lunes, 4 de enero de 2010

Las elecciones en Honduras: prolongación de la crisis nacional

Alexis Ordóñez

Los grupos que promovieron y apoyaron el Golpe de Estado en Honduras apostaron por apuntalar las elecciones como la mejor y única forma de resolver el problema originado desde el 28 de junio. Las elecciones se llevaron a cabo y, ¿está resuelto el problema nacional? Evidentemente que no. Las elecciones en Honduras se llevaron a cabo reflejando únicamente, que la crisis continúa, es decir que en vez de que las elecciones resolvieran, la crisis se prolongó a las elecciones. ¿En qué argumento que las elecciones no resolvieron, sino que son la expresión de la prolongación de la crisis?

  1. Llega a la Presidencia de la República un personaje tradicional del partido mas conservador del país (en realidad ahora no se sabe si es el más conservador pues todos lo son…!). Aunque probablemente en el imaginario político del Señor Porfirio Lobo gobernar Honduras significa enfrentarse al flagelo de la pobreza, no lo hará desde una perspectiva estructural. El abordaje de las causas de la inequidad social, económica y jurídica quedará postergado. El golpe de estado le deja una lección al Señor Lobo Sosa para su ruta de gobierno: en Honduras cualquier atisbo de cambio profundo de estructuras no será permitido. Por tanto las elecciones en Honduras prolongarán el sistema de desigualdad y pobreza. Honduras con sus “autoridades” apuntará a un gobierno de tipo compensatorio (nos queda esperar que al menos eso lo hagan bien). Abordarán la pobreza y la desigualdad desde una perspectiva superflua.

  1. Hasta ahora lo que menos han aprendido los sectores poderosos (que están en el poder) es a reconocer con profundidad “al otro”. Las elecciones han agudizado la existencia de las dos Honduras: la de los “integrados” (de forma real para algunos y para la mayoría de forma ficticia) y la de los “resentidos”, “antisociales”, “mancha paredes”, “vándalos” (al buen gusto del golpista mayor). Para incomodidad de los poderosos, este sector es ya considerado por los analistas sociales del país como la mayor expresión del movimiento social de Honduras. Los “ganadores” de las elecciones (No solo Porfirio Lobo y su partido, sino los cinco partidos y sus miembros) desconocen la existencia de este movimiento social y no han dado muestras de un diálogo y concertación real ni falsa…al contrario la desconocen por completo. Eso traerá problemas serios de gobernabilidad en el país. El desconocimiento total “del otro” que conduce a altos niveles de ingobernabilidad produce también altos niveles de marginamiento, destrucción y represión. El máximo grado del desconocimiento del “otro diferente” es su destrucción.

  1. Ahora Honduras, después de las elecciones, tiene que destinar gran parte de su gestión a convencer al mundo de la necesidad de que el país sea aceptado en todos los escenarios internacionales. Esto implica que la política exterior de Honduras no va a estar destinada a insertar al país al mundo globalizado de forma proactiva, sino que inicia una carrera de convencimiento para ser aceptados en el concierto internacional.

  1. El fortalecimiento del sistema democrático electoral en Honduras, desde una perspectiva de la credibilidad institucional, la confianza colectiva, la lucha anticorrupción, continúa quebrantándose. Una revisión detallada del comportamiento electoral de las personas y sus niveles de abstencionismo de los últimos 24 años (1981-2005) refleja que cada vez más los y las hondureños/as estamos “descreyendo” en esa herramienta de la democracia liberal, indirecta y representativa. Pasamos de un 21% en 1981 a casi un 50% en el 2005 (según mis averiguaciones en las bases de datos oficiales, el abstencionismo presidencial llegó a un 55%). En general hemos ido caminando como país, a una desafección electoral por la sencilla razón de que éstas no han resuelto los grandes problemas nacionales. Cada vez más el quehacer político se ha desprestigiado. El clientelismo, oportunismo y otros males se han adueñado de este ejercicio ciudadano. En general los y las jóvenes y la ciudadanía no ven en los partidos políticos una alternativa real a sus expectativas. Sin embargo, la oficialidad, presenta que en el año 2009 el abstencionismo bajó al 20%. Tremendo éxito!

Pero un análisis de sus propios datos refleja una burda manipulación de la información estadística[1]. Han convertido la socialización de los datos no en un ejercicio de información a la ciudadanía y a la comunidad internacional, sino en una campaña mediática y psicológica para aparecer como los grandes triunfadores. Claro está que para los sectores poderosos, el gran enemigo en este proceso ya no eran sus contrincantes de partidos políticos, pues al fin y al cabo han sido los mismos (por cierto esa es una de las grandes ganancias de este conflicto, que ahora gran parte de la hondureñidad visualiza con más claridad esa “unidad”), sino la resistencia contra el golpe que abogó por un abstencionismo cívico y digno.

Ahora bien, el tema más complicado es que es bastante improbable que en Honduras hayan votado 2.1 millones de personas. Es posible pero poco probable. Una representación de la poca probabilidad es que en las elecciones tuvieron que votar cada 4.20 minutos sin parar un/a hondureño/a en todas las urnas distribuidas en el país, sin excepción. Y esto desde las 7:00 a.m. hasta las 5.00 p.m. sin ningún descanso e interrupción. Es de tener presente que en Honduras son tres elecciones. Presidente, diputados/as, alcaldes y alcaldesas y cada elección es con boleta separada. En el caso de los diputados la boleta presenta a todos y todas los/as candidatos/as probables, donde el o la candidata/a pueden ser elegidos/as. Lo anterior implica que la votación en Honduras y dependiendo del grado de seguridad ante el voto, escolaridad y salud física, no es un ejercicio muy rápido.

Pero lo que lo hace poco probable es que en Honduras no había condiciones de seguridad y ánimo colectivo para las elecciones. Si bien es cierto gran cantidad de personas ejercieron el sufragio, también es cierto que gran cantidad de personas no lo hicieron. Los sectores opositores al golpe de Estado afirman de acuerdo a su propia información generada en las elecciones, que el porcentaje de abstencionismo en Honduras oscila entre 60% y 65%.

Lo que los sectores poderosos y golpistas en Honduras poseen como contra-argumento a lo que afirmo en el párrafo anterior, es que la hondureñidad se volcó a votar de forma masiva porque se vieron amenazados en su democracia. Fue un voto contra la resistencia frente al golpe y sus acciones, frente a Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI. Argumentan que los y las hondureños/as demostramos al mundo nuestro amor y apego profundo al sistema que Honduras vive. Afirman que los y las hondureños/as nunca nos habíamos sentido tan amenazados, que por ello fuimos a votar de forma masiva.

Lo cierto de toda esta situación, es que hay dos versiones diametralmente opuestas e irreconciliables sobre lo sucedido en las últimas elecciones. Esta contradicción no es simple y, teniendo en cuenta que en una verdadera democracia el criterio de ganadores y derrotados es suplido por el consenso, Honduras está en un gran problema democrático. Por eso afirmo al inicio, que estas elecciones no resolvieron, sino que agudizaron la problemática nacional.

En conclusión, las elecciones en Honduras no ayudarán a resolver los problemas de pobreza y desigualdad en Honduras, hasta ahora no se visualiza que contribuirán a una verdadera democracia donde el disenso es parte de ella, no nos coloca de la mejor manera en el mundo internacional y agudizará la incredulidad en nuestro sistema democrático.



[1] Hasta ahora deducen el porcentaje de abstencionismo en base a la gente que estaba habilitada para votar en Honduras y los pocos hondureños legales en el extranjero (16,000 personas aprox.). Eso suma 2.6 millones de personas, aunque el padrón electoral es de 3.6 millones. Si fueron a votar –según ellos- 2.1 millones de personas, dependerá contra qué lo comparan (contra los habilitados o contra el padrón oficial) y según eso obtendrán un 20% o un 42% de abstencionismo respectivamente. El problema de todo es que eventualmente manejan la primera operación, y eso puede ser correcto, lo incorrecto e inmoral es que en las elecciones anteriores comparan el porcentaje de abstencionismo con el padrón electoral.

Fuente: voselsoberano.com

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