viernes, 26 de marzo de 2010

ERA FRANCIA LA LIBRE LA HEROICA… LA HISTORIA SE REPITE EN HONDURAS

Por Carolina Bardales Salazar

A finales del siglo XVIII Francia vivía una época caracterizada por grandes desigualdades sociales, marcadas por el absolutismo de la monarquía francesa (que no cesaba de derrochar los fondos provenientes del impuesto cobrado al pueblo); una serie de privilegios otorgados a la nobleza y al clero –(quienes eran los propietarios de grandes latifundios de tierra y gozaban de toda una gama de prebendas, entre las que figuran la exención del pago de impuestos y el pago forzoso del diezmo que la iglesia exigía a sus feligreses); la creciente inflación palpable con la abrupta subida del precio del pan (alimento por excelencia de los franceses); y finalmente, la gota que haría rebalsar el vaso, el intento Luís XVI de acallar la voz de protesta del pueblo y el malestar generalizado haciendo uso de la represión y la fuerza militar. Todos estos factores provocaron que el 14 de julio de 1789 el pueblo francés -cansado ya de soportar tanto abuso- tomara las armas y estallara un movimiento que marcará un hito en la historia de la humanidad: la revolución francesa.

Este acontecimiento socavaría las bases del sistema monárquico -basado en el poder absoluto de los reyes otorgado por mandato Divino-, y conduciría a la refundación de Francia a través de la promulgación de una nueva constitución en la que se abolían los privilegios que por siglos habían gozado los miembros del clero y la nobleza. En esta constitución se otorgaban derechos iguales a todos los ciudadanos, se reconoce el sufragio universal, el derecho al trabajo y a la educación, nacía de esta forma La primera Republica.

En honduras, al igual que el la Francia de aquella época, los privilegios y las desigualdades sociales son más palpables que nunca. La clase político-empresarial-religioso-militar, ha carcomido el poder político, a través del uso de una serie de artimañas sucias e inescrupulosas y sonados escándalos de corrupción. Estas personas se valen del despotismo mas vil para auto-condonarse el pago de impuestos y de servicios públicos, utilizan acciones dolosas para acaparar las ayudas internacionales y para otorgarse a si mismos, en supuestos procesos de “licitación publica” contratos con costos inflados; se han adueñado a través del uso de la fuerza y de las armas de la mayor parte de las tierras del país.

Todas estas estratagemas sucias, hacen posible que dichos individuos, vivan en palacios, dignos de un emperador, viajen constantemente a Europa y Estados Unidos -donde tienen sus casas vacacionales-, sean propietarios de helicópteros, yates y jet privados y por supuesto, tengan cuentas de ahorro en bancos suizos. Lo anterior, solo por citar unos pocos ejemplos la obscena opulencia en que viven.

En la otra cara de la moneda, observamos que 80% de los hondureños vive por debajo de la línea de la pobreza, el campesinado carece de tierras para cultivar, lo que lo obliga a una economía de subsistencia. Los obreros que trabajan en las fábricas ni siquiera devengan el salario mínimo. Paradójicamente, y a pesar de las diferencias abismales en su nivel de ingreso, son los pobres quienes pagan puntualmente sus impuestos y los servicios públicos.

Hasta éste momento, el pueblo ha exigido de manera pacífica que se convoque a una asamblea nacional constituyente en la que ningún sector sea excluido, a fin de promulgar una constitución mas justa, en la que se eliminen todos estos privilegios que de antaño han tenido los más poderosos. La respuesta de quienes han secuestrado el poder político y económico en nuestro país, ha sido reprimir, amenazar, secuestrar, torturar, asesinar...etc. a las personas que no han hecho más que reclamar lo que por derecho les corresponde.

En Francia, el rey Luís XVI pagó con su cabeza por su imprudencia al negarse a satisfacer las peticiones de su pueblo. Ojala que quienes se han auto-proclamado “gobernantes” en nuestro país, sean mas sensatos que el soberano francés, y no continúen cometiendo barbaries, que obliguen al pueblo hondureño a recurrir a las armas para llevar a cabo las reformas que esta nación necesita de manera urgente. Esperemos que nuestros gobernantes reflexionen y no sufran el mismo destino que la monarquía Francesa.

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