viernes, 28 de enero de 2011

Samuel Ruiz: cristianismo y revolución


Gerardo Fernández Casanova
Argenpress


Se fue Don Samuel Ruiz, Obispo Emérito de San Cristóbal. Su ausencia deja un vacío colmado de realidades y esperanzas; queda vivo en el anuncio del otro mundo posible y en la búsqueda de la paz y la justicia. Fue un verdadero revolucionario que luchó por liberar al eternamente sojuzgado, por reivindicar el derecho a la vida digna para los pueblos indios de México y el mundo.

Don Samuel era, y sigue siendo, la expresión viva de aquel lema sandinista enarbolado por Ernesto Cardenal: “Entre cristianismo y revolución no hay contradicción”. Habiendo sido formado en Guanajuato como un cura mocho y conservador, la realidad de los pueblos mayas del norte de Chiapas lo convirtió en un luchador social que asumió a plenitud el compromiso evangélico de la justicia en esta vida, lo que le valió para ser denostado y atacado por una jerarquía eclesiástica que sólo sirve para el poderoso y que pretende que la resignación sea el mérito de los jodidos para gozar en otra vida. También fue atacado por los políticos de la corrupción y los privilegios; por los terratenientes que también son tenientes de las vidas de peones acasillados, con derecho de pernada y azotes al insumiso. Nada hay que extrañar de tales comportamientos, son el común denominador ante quienes luchan por transformar la realidad.
La huella del caminante marca rumbo y ofrece destino. Hay mucho por aprender de su legado de pacífica rebeldía; de un liderazgo que no se gestó en la simple utilización del púlpito, sino que se forjó andando el camino del sufrimiento de los explotados, en la brutal confrontación con una realidad insoportable,que antes de pretender la conversión del otro comenzó por la propia e hizo suyos sus reclamos de justicia. Hay mucho camino por andar con honradez y dignidad, con el verdadero amor al prójimo que deviene en solidaridad y en humanismo, más allá de credos religiosos o banderías políticas.
Es en ese mismo camino que se construye el Proyecto Alternativo de Nación y también la misma característica que provoca el brutal ataque de parte de quienes ven en peligro sus privilegios; ese muy pequeño grupo rapaz que mantiene bajo su estricto control la función pública y la información, preñado de egoísmo e incapaz de ver más allá de sus mezquinos intereses. Pero es también el camino por donde la gente, en número cada vez mayor, está decidida a transitar siguiendo la huella de la rebeldía pacífica y la voluntad transformadora, ejerciendo los instrumentos de la verdadera política, la que se forja en el pueblo para servir al pueblo o, si así lo prefieren, la que se forja en la sociedad para servir a la sociedad; aclaración recomendable dado el desprestigio que se le ha querido aplicaren la terminología tecnocrática en boga.
La viabilidad del proyecto alternativo y del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) encabezado por Andrés Manuel López Obrador está fincado en la decisión mayoritaria de andar el camino y seguir la huella, más que en la manipulación de encuestas hechas a modo del contratante. Son los millones sin voz y que no son materia para encuestadores; son losque están decididos a hacerse oír a despecho de no tener micrófono ni cámara de televisión que los divulgue, pero que hacen la comunicación en la calle y en la asamblea, porque tienen en común la exigencia del cambio afirmativo.
Puede el señor Calderón disponer a su antojo de micrófonos y cámaras; entre más las usa menos credibilidad tiene. Puede el del engomado copete gastar todo el erario en la promoción de su imagen de telenovela, que tampoco logra convencer con su sonrisa de anuncio de pasta de dientes. Podrán ambos y sus adláteres lanzar toda la mierda a su alcance contra quienes postulan la honestidad y el verdadero cambio, que no les alcanzará para destruir lo que la gente construye todos los días.
Hay una realidad que resiste a la manipulación cosmética: la inseguridad, la cancelación de expectativas, la falta de empleo, la imposibilidad de estudiar para los jóvenes, la carencia de servicios de salud al alcance, la carestía de los alimentos y la voraz corrupción, entre otras, son razones depeso para resistirse a creer en el paraíso en que dicen que vivimos.
La memoria de Samuel Ruiz seguirá abriendo el camino.

Fuente. Rebelion.org

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