miércoles, 21 de octubre de 2009

Zelaya, la voz de un pueblo valiente

La entrada de Manuel Zelaya en la Embajada brasileña en Tegucigalpa fue un audaz golpe político con el que el presidente legítimo de Honduras desafió al Gobierno golpista, aun a riesgo de su propia seguridad. Pero aquella maniobra, de la que ayer se cumplió un mes, supuso sobre todo un gesto de dignidad por parte de Zelaya, al unirse a un pueblo que para entonces llevaba ya más de dos meses resistiendo la represión de los militares alzados. En vísperas de la reunión de los embajadores de la Organización de Estados Americanos (OEA) para tratar el tema y mientras el Alto Comisionado de la ONU se encuentra en Tegucigalpa investigando las violaciones de derechos humanos ocurridas en este periodo, GARA ha entrevistado a Zelaya para analizar los avances y retrocesos que durante las últimas semanas ha sufrido el proceso para devolver la democracia a Honduras.

Zelaya se muestra cauto sobre el devenir de las negociaciones con los representantes de Roberto Micheletti. No en vano, los golpistas han logrado frenar las iniciativas diplomáticas para lograr una resolución justa. El presidente hondureño se queja amargamente de la incapacidad de las instituciones internacionales, con la OEA y la ONU a la cabeza, para desbloquear esta situación. Pero, por razones obvias, evita criticar a EEUU pese a que es evidente que de haber tomado una postura mínimamente firme, esta situación ya estaría resuelta.

A falta de saber cómo terminará el tortuoso proceso para revertir el golpe de estado en Honduras, lo más reseñable de estos meses es la valentía de un pueblo que ha hecho frente a una represión feroz. El propio Zelaya no duda en subrayar este fenómeno al plantear que la diferencia entre ésta y otras situaciones anteriores en la historia hondureña la marca la movilización popular en pos de la justicia y la democracia. Este hecho muestra que el proceso hondureño debe enmarcarse dentro de un movimiento más amplio, como es el que ha llevado durante la última década a diferentes países de Latinoamérica a andar el camino que abrieron Martí, Sandino, Bolívar o, en una época más reciente, Fidel Castro.



Fuente: http://www.gara.net

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