viernes, 16 de julio de 2010

El militarismo ha resurgido con mayor fuerza y se ha posicionado en el continente

Marvin Palacios


En la década de los ochenta, Honduras fue utilizada por Estados Unidos como base logística para la guerra sucia contra Nicaragua

En la década de los ochenta, Honduras fue utilizada por Estados Unidos como base logística para la guerra sucia contra Nicaragua

El Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (Cofadeh) analiza desde su óptica en la defensa de los derechos humanos, el reposicionamiento del militarismo en Honduras, como una estrategia diseñada por el Pentágono en Estados Unidos con el fin de eliminar al Frente Nacional de Resistencia Popular y estrangular al movimiento social reivindicador de la América Latina.

Honduras alcanzó la Democracia electoral en 1982, pero eso no significó que se democratizara, por el contrario fue en gobiernos constitucionales, cuando el país se convirtió en el portaaviones de los Estados unidos con sus ya conocidas consecuencias para los derechos humanos de Honduras y la región centroamericana.

Honduras no tuvo una guerrilla propia pero fue también refugio para desplazados políticos y vivió las consecuencias severas de la solidaridad política con los países en guerras civiles y las consecuencias de una severa crisis económica.

En la década de los ochenta, Honduras fue utilizada por Estados Unidos como base logística para la "guerra sucia" contra Nicaragua y el resto del movimiento guerrillero en Centroamérica.

Entre 1980 y 1992 las Fuerzas Armadas fueron un poder fáctico en Honduras. Tomaban decisiones políticas y administrativas en varias instituciones claves del Estado. Sin embargo, esa influencia fuera de los batallones, por encima de los civiles, tuvo diversas expresiones y no menos variadas oposiciones. El movimiento por la defensa y promoción de los derechos humanos fue una contracorriente muy fuerte y decisiva hasta detener esa degeneración del rol militar en la sociedad hondureña.

Durante este tiempo se instalaron otras bases y centros de operación de los Estados Unidos como el Centro Regional de Entrenamiento Militar (CREM), que se estableció en 1983, en la ciudad de Trujillo al norte de Tegucigalpa, bajo la reactivación de convenios militares de 1954.

En el CREM las fuerzas estadounidenses entrenaron a los ejércitos de El Salvador, Guatemala y Honduras en operaciones antisubversivas. También funcionó la base del Aguacate en el departamento de Olancho, donde se entrenó a la contrarrevolución nicaragüense. De igual forma se organizaron las Fuerzas Territoriales y la Escuela de Montaña, todos financiados y comandados por Estados Unidos.

Entre 1980 y 1992 las Fuerzas Armadas fueron un poder fáctico en Honduras

Entre 1980 y 1992 las Fuerzas Armadas fueron un poder fáctico en Honduras

Las Fuerzas Territoriales estaban acantonadas en la zonas fronterizas y todavía en los años 90 mantenían un alto nivel de operación, uno de los casos más emblemáticos atribuidos a las fuerzas territoriales lo constituye la “desaparición seguida de muerte” de Juan Humberto Sánchez por cuyo caso el Estado de Honduras fue encontrado culpable, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El primer presidente de aquella época de transición entre los regímenes militares y la cuestionada democracia, Roberto Suazo Córdova, aceptó ya lejos del poder que "yo sólo fui una figura decorativa".

Los militares y el poder absoluto

Los comandantes en jefe y el Consejo Superior eran el verdadero poder en Honduras. Dicho poder lo ejercían con altos presupuestos, abusos de autoridad, detenciones ilegales, desapariciones de opositores políticos, control de las comunicaciones, reclutamientos forzosos, pactos de silencio, complicidad o chantaje con los partidos políticos; controlando medios de comunicación y administrando instituciones claves, como la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (Hondutel), la Policía Nacional, la Policía de Tránsito, la Policía de Hacienda, la Dirección de Población y Política Migratoria, la Empresa Nacional Portuaria (ENP), las aduanas terrestres, aéreas y marítimas, la Dirección de Aeronáutica Civil, la Armería, el Instituto Cartográfico Nacional, entre otras.

En esa época los jefes militares opinaban de política exterior, economía política, ciencias sociales, ciencias naturales, negocios e inversiones, y resolvían "pacíficamente" los conflictos sociales y políticos del país. Y todo lo que no era militar éramos “civilones”, término despectivo para referirse a la población.

Como remanente de aquella presencia, hoy con el pretexto del combate al narcotráfico, Estados Unidos mantiene allí de forma permanente la Fuerza de Tarea Conjunta "Bravo", que "coordina operaciones militares y de acción cívica con las Fuerzas Armadas de Honduras".

Dicha unidad, compuesta por unos 650 efectivos que rotan periódicamente y decenas de helicópteros, se ubican en la Base Aérea de Palmerola, departamento de Comayagua, a 75 kilómetros al norte de Tegucigalpa.

El golpe de Estado del 28 de junio de 2009 perpetrado en Honduras por una clase política-empresarial-religiosa ultra conservadora apoyada por las Fuerzas Armadas y la Policía nacional, trajo consigo el reposicionamiento de la derecha en Latinoamérica y a nivel mundial.

Base militar de Palmerola

Base militar de Palmerola

La polarización ideológica se ha profundizado, criminalizando todas las voces que se levantan en oposición, la sociedad se ha dividido, la derecha política de Estados Unidos se ha reposicionado frente a los países centroamericanos.

La debilidad de la Carta Democrática y la falta de mecanismos efectivos para restituir la democracia y defenderla, quedaron demostradas con el Golpe de Estado en Honduras. Pero Latinoamérica mostró su vocación democrática en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su rechazo a las dictaduras. El Militarismo ha resurgido con mayor fuerza y se ha posicionado en el continente.

El militarismo como ideología

Algunos teóricos definen el militarismo como una ideología según la cual la fuerza militar es la fuente de toda la seguridad. Nunca esta definición había sido mas cierta en Honduras. En la tercera semana de junio de 2009, las diferentes fuerzas de poderes ocultos y poderes constituidos, no necesariamente democráticos, visitaban día a día el Estado Mayor conjunto de Las Fuerzas Armadas (FFAA) y públicamente les pedían cumplir con su deber de garantizar la seguridad de ellos y consumar en el menor tiempo posible un golpe de Estado que no fuera sangriento para presentarlo ante propios y extraños como sucesión presidencial.

Hoy vemos un proceso de aumento y profundización del militarismo, que se manifiesta de diversas formas: La frecuente realización de operativos policiales militares urbanos y las actividades de atención médica por parte de militares, que disfrazan otros objetivos; la instalación y fortalecimiento de destacamentos militares en el interior, la represión policial-militar que sufren las organizaciones campesinas y el Frente Nacional de Resistencia Popular.

La presencia militar de Estados Unidos a través de bases militares, ejercicios militares e implementación de tratados se fortalece y profundiza. En esta semana la ayuda militar de Estados Unidos consistió en 812.000 dólares.

Un militarismo cuya característica es dominar y someter; un militarismo representado en un Gobierno que criminaliza las luchas sociales, un militarismo que busca obtener más presupuesto a fuerza de crear fantasmas, como quedó plasmado el 26 de junio 2009, cuando 12 mil efectivos activos fueron colocados en las calles bajo el argumento de combatir turbas extranjeras. Y llamaron a 5,000 reservistas a defender su constitucionalidad.

Una vez logrado el objetivo de los golpistas, los militares en retiro asumieron las direcciones y gerencias de instituciones del Estado como la Dirección General de Extranjería, Empresa Nacional Portuaria (ENP), Dirección de Aeronáutica Civil (DGAC), Marina Mercante y la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (Hondutel) en la que nombraron al general Romeo Vásquez Velásquez que lideró el golpe y ordenó una brutal represión contra el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

La presencia militar de Estados Unidos en Honduras se recuerda por la emblemática Base Militar Soto Cano, mejor conocida como Palmerola. Sin embargo esta no es la única, recientemente el 13 de abril de 2010, Porfirio Lobo Sosa que ejerce el gobierno desde el 27 de enero de 2010, inauguró junto al Embajador de Estados Unidos en Honduras, Hugo Llorens, la nueva base militar naval en la Laguna de Caratasca, en el departamento de Gracias a Dios.

Esta unidad militar tendrá la principal misión de reforzar la lucha contra el narcotráfico de esa región hondureña. Las instalaciones fueron construidas por miembros del Ejército estadounidense y del Comando Sur, a un costo de 2 millones de lempiras. Constan de un edificio multifuncional y un centro de operaciones, lo que contribuye al aumento en la capacidad para albergar más personal, así como un nuevo muelle para el anclaje de lanchas interceptoras y de patrullajes. En el 2009, Estados Unidos entregó en Puerto Castilla cuatro lanchas interceptoras con un valor de 2,6 millones de dólares.

El combate al narcotráfico, la excusa

Recientemente, el 10 de julio se conoció sobre la construcción de otra base militar, esta vez en Guanaja que forma parte del departamento insular de Honduras, conocido como Islas de la Bahía.

La información la dio a conocer el canciller Mario Canahuati quien detalló que la finalidad de esta nueva base militar será la de combatir el narcotráfico y el crimen organizado.

Con la base de Guanaja, Honduras pretende ejercer control en una parte del Caribe, pues hay que recordar que el país ya cuenta con una base en la Laguna de Caratasca.

En esta nueva tarea también se tendrá el apoyo del gobierno de Estados Unidos, que también realiza operativos conjuntos con la base de Caratasca, en La Mosquitia. "Es importante que se combatan estos flagelos que afectan tanto el desarrollo del país", apuntó Canahuati.

El funcionario no especificó la inversión de las obras de infraestructura militar ni la cantidad de efectivos con que contará esta nueva base extranjera en el país.

La nueva doctrina de seguridad hemisférica de Estados Unidos avanza en forma silenciosa pero altamente segura en Honduras, su nuevo discurso incrementa su presencia y nos parece normal o la presencia del Jefe del Comando Sur luce protocolar sin mayor trascendencia. El tema del narcotráfico, el terrorismo y la colaboración en seguridad democrática impulsa y consolida su figura en estas nuevas formas de militarismo y nuestros gobiernos se enmarcan en un modelo de plan de acción contra el crimen organizado bajo un factor estratégico de construir una estructura regional de prevención y control del terrorismo.

Pero el verdadero fondo es controlar el descontento social y movilizaciones populares en contra de políticas económicas impulsadas por Estados Unidos que incluyen la interconexión eléctrica, la explotación de la biodiversidad y proyectos hidroeléctricos que contempla el Plan Puebla Panamá.

En este marco se pueden apuntar acciones como la Petición del 13 de agosto de 2003, del entonces Presidente Ricardo Maduro, al Jefe del Comando Sur Richard Myers para que se le proporcionara a Honduras equipo y asistencia para combatir el narcotráfico, a cambio de unirse a las labores de reconstrucción de Irak junto a los ejércitos del Salvador y Nicaragua.

Bajo la sombra del terrorismo, el Estado de Honduras ha continuado a lo largo del presente siglo y la segunda mitad del siglo pasado firmando convenios militares con Estados Unidos. En el año 2003, la Asamblea Legislativa de Honduras presionada por el Embajador de Estados Unidos Larry Palmer en Tegucigalpa y Collin Powell, Secretario de Estado, firmó un convenio conocido como Articulo 98 para ratificar el acuerdo del 2002 de Washington, para que los oficiales de Estados Unidos no sean enjuiciados por eventuales crímenes contra la humanidad en la Corte Penal Internacional 8CPI). Los Estados Unidos presionaron jugando al punto sensible de las autoridades hondureñas sobre el tema migratorio en el ámbito de las nuevas políticas estratégicas de seguridad hemisférica.

En abril del 2008, unos 350 militares de Estados Unidos realizaron un ejercicio militar denominado “Mas Allá del Horizonte” presuntamente para asistir humanitariamente a tres departamentos con aulas escolares y clínicas medicas, el fondo fue capacitar a militares hondureños.

El primero se ejecutó en zona de la Florida, municipio de Marcala, departamento de la Paz. Los ejercicios militares fueron inaugurados por el Embajador de Estados Unidos en Honduras Charles Ford y el Ministro de Defensa Arístides Mejía. Para el año 2008, la presencia militar de Estado Unidos en Honduras ascendía a 30 millones de dólares.

El 4 de junio de 2008, el Presidente Manuel Zelaya firmó un nuevo Convenio con Estados Unidos, durante la vista del Subsecretario de Estado de los Estados Unidos John Dimitri Negroponte , por Un millón 320 mil 800 dólares para mejorar el sistema de seguridad de Honduras, capacitar la policía, ampliación de carreteras y prevenir las pandillas.

Al cierre de esta reseña ha trascendido que el Gobierno de Estados Unidos ha decidido apoyar con 20 millones de dólares la seguridad en Honduras, los mismos 20 millones que suspendió en septiembre 2009, para obligar al gobierno de facto de Roberto Micheleti a aceptar el acuerdo de San José.

Y hablando de San José Costa Rica, el parlamento aprobó la utilización del espacio aéreo, marítimo y terrestre para el desplazamiento de tropas estadounidenses en este país centroamericano, bajo el pretexto de ayudar en el combate al narcotráfico. El rechazo popular ha sido inminente no solo en Costra Rica, sino en toda la América Latina.

Por otro lado, el ejército de Estados Unidos aprovechando las labores de reconstrucción luego del terrible terremoto de Haití en enero pasado, considera que se quedará en forma permanente en la isla para atenazar la mayor franja territorial de Latinoamérica.

Fuente: Defensoresenlinea.com


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