martes, 29 de diciembre de 2009

Honduras en busca de su sentido común

Juan Antonio Martínez H.
El conocido escritor uruguayo Eduardo Galeano, una de las personalidades más destacadas de la literatura latinoamericana, al referirse a la cambiante situación política de nuestro continente, principalmente en lo atinente al afianzamiento de gobiernos de izquierda, ungidos y reelectos, algunos de ellos por la voluntad popular, suele mencionar en sus entrevistas que “América marcha al encuentro con su sentido común”.

Galeano es crítico incisivo de la política, no sólo de Estados Unidos sino que también de algunos países europeos que han sembrado dictaduras por todo el mundo. “Y se sienten como si estuvieran capacitados para enseñarnos lo que es democracia”, es también un férreo defensor de nuestra raza, enemigo de las injusticias sociales, de la discriminación y un mordaz censor de los gobiernos usurpadores de la voluntad popular.

En este sentido defiende la recuperación de la soberanía de la raza autóctona en Bolivia con Evo Morales y admira la valentía de Correa en Ecuador cuando, antes de pagar la Deuda Externa, pide cuentas a los organismos financieros internacionales. ¿En qué se gastó ese dinero?

En Galeano convive, tanto el periodista valiente que denuncia las contradicciones sociales de esta América irredenta, como el literato o el historiador acucioso comprometido con la verdad del presente. Su narrativa investigativa recoge los hechos que la Historia consigna como “irrelevantes” o “normales” en una sociedad acostumbrada al rigor de lo tradicional y les pone el ingrediente de la duda con sutil ironía. Muchas cosas inaceptables que por costumbre aceptamos como si fueran inevitables.

La perspectiva lúcida y mordaz con que Eduardo Galeano enfoca la problemática latinoamericana, le ha valido elogios de la crítica universal, pero también le ha ganado la antipatía de los dictadores, cuya ferocidad ha evadido saltando de país en país, principalmente por su obra insigne “Las venas abiertas de América Latina” (1971), donde condena con amargura, la opresión endémica de Latinoamérica a través de su historia.
Honduras como parte de este continente de esperanzas y contradicciones no puede escapar a esa cruda realidad que Galeano nos convoca a examinar, desapasionadamente, para “penetrar sus lacras y sus fantasmas cotidianos” causantes de la opresión consuetudinaria que ha venido padeciendo, por siglos, nuestra América.

¿Acaso la presente crisis provocada por el golpe de Estado del 28 de junio, cuyas heridas descarnadas aún sangran dolorosamente en la conciencia nacional, no son parte del síndrome endémico que es el tradicionalismo?
¿No fueron acaso los fantasmas del miedo al cambio, los que impulsaron la arremetida contra Zelaya en su intento de legarnos los beneficios de una nueva Constitución?
¡Solamente, porque el círculo oligárquico, que tradicionalmente se ha beneficiado del “estatismo social”, considera como “normal” que una partida de diputados conservadores le haya puesto candado, para la eternidad, a algunos artículos de nuestra Carta Magna!

Y también, estos mismos grupos de poder, consideran “irrelevante” el hecho, que los hondureños sigamos sufriendo esta angustia producida por los acontecimientos del 28 de junio, que nos dejó un saldo doloroso en violaciones a los derechos humanos, pérdidas de vidas, divisionismo en la familia y un sentimiento de frustración en toda la sociedad.
Sin duda alguna, Honduras continuará transitando por el espinoso camino de la opresión y la inconsciencia, alimentada por una prensa atada al poder económico, esperando mejores tiempos para recuperar la democracia y reencontrarse con su sentido común, del que nos señala el laureado escritor uruguayo.

Mientras tanto, las venas de la patria, como parte del contexto latinoamericano, siguen sangrando, porque las elecciones, signadas por el abstencionismo, no fueron la solución prometida a la crisis, la cual se mantiene latente como el primer día, provocando nerviosismo en los nuevos inquilinos de la convertida cueva de Alí Babá.

Por lo pronto, el presidente Zelaya, quien aguarda impaciente los días de su liberación de su involuntario encierro, tiempo tendrá para cavilar sobre la obra visionaria de Galeano, que en mucho le beneficiará en su anhelado proyecto de redención nacional. Esto le aclarará que, además del petróleo, el tradicionalismo enquistado en la epidermis social del país, es la causa primigenia de su actual situación.

San Pedro Sula. Diciembre del 2009
Fuente: El Tiempo
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