lunes, 4 de enero de 2010

El primer reto

Víctor Manuel Ramos

He prometido, a RAVIBER, referirme a sus interpretaciones que a mi modo de entender andan equivocadas. En uso del derecho y la libertad de pensar, que me otorga la Constitución, creo que es saludable, el ejercicio de opinar.

El Dr. Villeda Bermúdez sigue insistiendo en que aquí no ha habido golpe de Estado. Para él, lo que ocurrió fue una simple y sencilla suspensión constitucional del Presidente Constitucional de Honduras José Manuel Zelaya Rosales, a pesar de que el Presidente fue asaltado, en su casa, por los militares, sin orden judicial, en hora prohibida por la ley para hacer esas detenciones; que fue expulsado, en contra de su voluntad, vía Palmerola, a Costa Rica; que el Congreso aceptó una renuncia que el Presidente dice no haber firmado, que el Congreso sustituye al Presidente por considerarlo ausente, a pesar de haber sido expatriado violentamente; y que el régimen militar usurpador, para mantenerse en el poder, ha acudido a la represión, al asesinato de muchos miembros de la Resistencia y al cierre de los medios de comunicación que lo le son adeptos.

Así que no hay muros de incomprensión en la comunidad internacional que ha rechazado enérgicamente el golpe de Estado en Honduras. Lo que realmente hay es una verdadera comprensión hacia la democracia real y verdadera, pues en Honduras se echó por la borda “lo que por dos décadas se procuró institucionalizar y civilizar –la sujeción de la fuerza armada al mando civil- [que] se fue a carajos el 28 de junio y dio paso al Frankestein que asumíamos ya enterrado”, como afirma Julio Escoto.

Realmente el proceso electoral fue iniciado por el Presidente Zelaya y eso prueba que no pensaba perpetuarse en el poder. A lo que aspiraba el Presidente Zelaya era a consultar al pueblo sobre si quería una cuarta urna para promover una nueva Constitución que recoja las aspiraciones del pueblo hondureño. Es decir, le han expulsado por promover la democracia. Pero el hecho de que haya sido iniciado por un gobierno legítimo, el proceso electoral, al final, fue realizado por un gobierno ilegítimo y presidido por un Tribunal electoral conformado, igualmente, en forma ilegítima.

Lo que realmente temen, gobiernos admirados y respetados como el de Brasil y Chile, es que el ejemplo desafortunado de Honduras, se convierta en regla y que la desfachatez de los militares hondureños no sea un ejemplo a seguir por la castas militares de los países que están orientando a sus pueblos por la senda de una auténtica democracia, destinada a resolver los graves problemas del pueblo, problemas que no han sido enfrentados en nuestro país, tales como la miseria, la insalubridad, la mortalidad y la falta de trabajo y educación, para solo señalar algunos.

Además, el Dr. Villeda se llama al engaño solo. No hay tales elecciones masivas. Él sabe perfectamente que el abstencionismo fue enorme y que entre los que votaron hubo un fuerte grupo de votantes que repudiaron el proceso al anular su voto con frases y marcas muy expresivas. En otras palabras, la elección fue un fraude y el Presidente Electo no ha logrado el verdadero respaldo del pueblo hondureño, por el contrario, ha recibido, igual que Elvin, el rechazo de la mayoría de los hondureños. En cuanto a los partidos pequeños –PINU y DC-, vacíos de propuestas valederas, Ud. debe de saber que estos en varias ocasiones no han logrado los votos que establece la ley para mantener su inscripción y que el Tribunal Electoral les ha adjudicado los votos necesarios para dar la impresión de que aquí hay una verdadera democracia y de que se respeta a las minorías.

Pero lo que más me llama la atención es que Villeda habla de que el actual gobierno golpista ha mantenido una disciplina monetaria, cambiaria y crediticia azdmirables y que ha actuado con gran probidad de tal suerte que ha logrado mantener a flote las finanzas. Nada más falso: en primer lugar las finanzas nacionales se han ido al suelo, a tal grado que el gobierno no ha podido honrar gran parte de sus obligaciones salariales y se ha apoderado, ilegalmente, de las aportaciones de los maestros a sus organizaciones gremiales y a su instituto de jubilaciones. Pero también sabemos que se ha adjudicado una suma cuantiosa al señor Facusé para que haga campaña a favor del gobierno -para poner un ejemplo-, de que se están firmando a matacaballo los contratos con las termoeléctricas y para la perforación de pozos, que se cambió la fórmula para fijar el precio de los combustibles y que no se ha hecho nada para destapar la enorme corrupción que hay en la Secretaría al mando de Saro Bonano.

Nadie de la Resistencia se ha ensañado en contra de nuestro país. Quienes realmente se ensañaron en contra de Honduras fueron los golpistas que provocaron esa reacción internacional de condena en contra de Honduras, incluida la que proviene de la OEA, que Ud. considera desprestigiada y que realmente lo está por no tener los mecanismos necesarios para revertir la situación de atropello que se ha perpetrado en Honduras. Fueron los golpistas quienes no midieron las consecuencias de sus actos y solo ellos, y nadie más, son los responsables el que se hayan sacrificado los programas de ayuda a la niñez, de ayuda a los sectores y municipios más necesitados. En eso no pensaron los golpistas al ejecutar su crimen en contra de la democracia. Claro, todos los usurpadores estarían contentos si el pueblo hubiese agachado la cabeza y hubiese aceptado el golpe como algo inevitable. Y esa es precisamente la equivocación en que cayeron los golpistas: no esperaban esa reacción del pueblo, mayoritariamente cristiano, que ahora desconoce, incluso, la autoridad del Cardenal.

Así que con su lupa distorsionadora, amigo Villeda, afánese en ver que no son pocos los casos patológicos –de acuerdo con su estilo muy sui gereris de hacer diagnóstico humano siendo veterinario- dolidos por lo sucedido. El pueblo hondureño en su mayoría desaprueba el golpe y también la mayoría de los países de la comunidad internacional, incluido Los Estados Unidos.

De tal manera que la tarea de Pepe Lobo será deshacer los entuertos heredados de este régimen golpista, y no otra. Sobre todo volver a los militares a sus cuarteles y subordinarlos al poder civil, al poder del pueblo.

Fuente: Vos el soberano

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Sin esperanzas

Julio Escoto

Siendo objetivo, apartando prejuicios políticos y sociales que como lapa carga uno en Honduras a la espalda desde la infancia y la pubertad -tantos fueron los desengaños- pero la verdad es que el panorama inmediato y el cercanamente futuro lucen grises, turbios, con mantecosa y por ende sucia imagen. Se despide de la plaza pública una de las peores cámaras legislativas de todas las épocas, comparable sólo a aquella que guió Porfirio Lobo y que aprobó en media noche el tratado de libre comercio con Estados Unidos -apenas eran 3,000 páginas- y en otra media noche la cláusula liberadora de soldados criminales norteamericanos ante la Corte Penal Internacional, Estatuto de Roma, así como la pequeñez de una condonación de cientos de millones de Lempiras para "agricultores" caídos en desfase financiero, entre ellos lógicamente el jefe mismo del congreso. Sobre este afirman fiscales de la Resistencia que en 2008 reportó al fisco haber percibido ingresos de L. 16 millones y haber gastado L 14, por lo que su contribución al Estado vía impuesto sobre la renta ascendía a la irrisoria suma de L. 350 mil. ¡Loor a abogados y auditores, viva la hondureña Facultad de Derecho!, fábrica de pícaros del mejor ingenio americano...

Lo que por dos décadas se procuró institucionalizar y civilizar -la sujeción de la fuerza armada al mando civil- se fue a carajos el 28 de junio y dio paso al Frankestein que asumíamos ya enterrado, el del imperio del garrote sobre la razón. Los hombres políticos del momento demostraron bestial incapacidad para dialogar -y cuando tal digo me refiero a todos, incluyendo liberales, no solo a golpistas- y en vez de transar hicieron truncias, que es decir sinvergüenzadas. En ese drama, más bien comedia y ridículo de la lógica, el peor actor fue el Congreso pues cometió y luego ratificó delitos graves contra la República, uno de ellos invalidar la Constitución. Hoy sólo resta inventar otra, reescribir otra acorde con los movimientos de reivindicación y autodeterminación más modernos de América y el mundo.

Salidos de escena los protagonistas del golpe -aunque no estén forzosamente inactivos- poco justo se sueña del nuevo gobierno, encabezado precisamente por un alumno de Konmosol, escuela de cuadros políticos en la extinta URSS, lo que daría esperanza de alguna sensibilidad social y civil. No hay tal: el hombre arriba atado de manos y pies por la más cruda reacción conservadora cachureca, una que piensa exclusivamente en negocios y vender nuestras riquezas paisanas al mejor postor, jugosa ganancia de por medio. Basta observar quiénes aspiran a ocupar la mesa directiva del parlamento para extraviar cualquiera ilusión. Quien que es puta vuelve, sentencia Armando García.

De los pequeños partidos se conoce que su fuerza ética y electoral es mínima, insuficiente para impulsar, siquiera apoyar cambios. Del Liberal da risa lo acontecido: se desclasó a sí mismo, golpeó a su propio presidente y provocó que el pueblo votante -escasamente votante- lo expulsara del poder. Su candidato propuesto -que no ofrece oposición, cuán inocente es- fue burbuja incapaz de articular mensajes trascendentes. Él y su linda compañera se imaginaban pareja Kennedy en la Casa Blanca, rodeados con espumas champaniles jet-set. Para ver a lo que lleva la vana educación de ciertas sabidas escuelas bilingües: élites ajenas -y por ende reaccionarias- al devenir nacional.

La última fe reside en que el movimiento de resistencia estructure discursos lógicos y con apelación global, de bienestar común no obligadamente zelayistas ni doctrinariamente izquierdistas, sino de profundas búsquedas para la determinación e independencia nacionales, que en el fondo serán progresistas, gracias a dios que colocó el corazón a la izquierda. Discursos horizontales, no verticales como son los de partido: ofertas de cambio sin dogmas ni demagogia; transformaciones que toquen a la gente real, no sólo a la estadística. A lo mejor como que quedan esperanzas.

Fuente: elheraldo.hn

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Lo que la teoría hegemónica en la ciencia política no quiere ver Invisibilizando golpes de estado

Atilio A. Boron
La Corporación Latinobarómetro, basada en Santiago de Chile, publica todos los años un informe resumiendo sus investigaciones comparativas sobre el estado de la opinión pública en dieciocho países de América Latina y el Caribe.1 Para estupefacción del lector el Informe 2009 se abre, en su página 3, con una cita que dice textualmente lo siguiente: “En el año 2009, América Latina sufre por primera vez un golpe de estado después de 31 años, desde que se inaugurara la democracia en lo que ha sido llamado ‘la tercera ola de democracia’ ”.

¡El primer golpe en 31 años! Esta increíble afirmación no es tan sólo un notable error historiográfico sino un síntoma de algo mucho más profundo, revelador de las insanables limitaciones de la concepción teórica y metodológica hegemónica en las ciencias sociales de nuestros días, de inspiración anglosajona. Las páginas que siguen tienen por objeto traer a la memoria lo que el saber convencional aparta convenientemente a un lado. En este caso, los golpes de estado. A los efectos de corregir tan distorsionada visión de la realidad política regional ofrecemos a continuación un breve racconto sobre los golpes de estado que se perpetraron en América Latina y el Caribe en estos últimos 31 años.

11 de Abril del 2002: golpe de estado en la República Bolivariana de Venezuela.

Luego de que se mintiera a la población anunciando que Chávez había renunciado (cosa que también se hizo en el caso de Mel Zelaya durante el golpe hondureño), siendo que, en verdad, aquél se rehusó valerosamente a firmar la carta de renuncia que los golpistas le habían preparado, se convocó de urgencia a una reunión en el Palacio de Miraflores para ungir como presidente de Venezuela al líder de la organización empresarial Fedecámaras, Pedro Carmona Estanca (alias “Pedro el Breve”). Allí se procedió a dar lectura al Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional, nombre tan pomposo como mendaz con el que se pretendía disimular al golpe de estado presentándolo como una rutinaria sucesión institucional ante la misteriosa ausencia del primer mandatario. Ese despótico engendro, pergeñado por los inmaculados custodios de la democracia venezolana y aplaudido por Bush, Aznar y compañía, ponía en manos del efímero usurpador amplísimos poderes que no demoró en llevar a la práctica: de un plumazo Carmona derogó la constitución bolivariana, disolvió al Poder Legislativo y destituyó a todos los diputados a la Asamblea Nacional, suspendió a los magistrados del Poder Judicial, al Fiscal General, al Contralor y al Defensor del Pueblo y concentró la suma del poder público en sus manos.

Una vez que fuera leído tan ignominioso documento se invitó a los concurrentes a refrendar el triunfal retorno a la democracia. Entre los firmantes sobresalen los nombres –hundidos para siempre en irredimible deshonor- del Cardenal Ignacio Velasco, santo varón que para desgracia de los cristianos preside los destinos de la Iglesia Católica en Venezuela; Carlos Fernández, vicepresidente de Fedecámaras; Miguel Angel Capriles, en representación de los medios de comunicación privados (que engañaron a la población desinformando sistemáticamente lo que estaba ocurriendo, con total impunidad); José Curiel, secretario del la democracia cristiana venezolana (COPEI); Manuel Rosales, por ese entonces Alcalde de Maracaibo (prófugo de la justicia acusado de numerosos delitos de fraudes y estafas, amparado y protegido en estos días por el gobierno de Alan García en el Perú); Julio Brazson, presidente de Consecomercio; Ignacio Salvatierra, presidente de la Asociación Bancaria; Luis Henrique Ball, presidente del Consejo Empresarial Venezuela-Estados Unidos; el general retirado Guaicaipuro Lameda, ex presidente de Pdvsa. Luego de la firma se procedió a tomar juramento a Carmona Estanca, dándose así por constituido el nuevo gobierno robustecido por el pleno respaldo de la “sociedad civil”, supuestamente congregada en la sede del gobierno venezolano y representada por ilustres personeros como los arriba nombrados.

Es decir, allí hubo un golpe “con todas las de la ley” que, tiempo después y con Chávez ya repuesto en el Palacio Miraflores, fue convalidado por el Tribunal Supremo de Justicia en una insólita acordada en la que se señalaba que Carmona había asumido el cargo debido a que en Venezuela se había producido un “vacío de poder”. Claro que esta curiosa teoría tenía un efecto práctico nada desdeñable: gracias a ella se eximía a los implicados de ser procesados por su participación en el golpe de estado, su impunidad consagrada gracias a una sentencia emitida por el más alto tribunal de justicia del país. Por otra parte, si la palabra “golpe” no apareció en el discurso político de esos días fue por otras dos muy convenientes razones. Primero, porque siempre y en todo lugar los golpistas rehúsan a reconocerse como tales, como violadores de la legalidad institucional y la legitimidad política: prefieren autocalificarse como “gobiernos provisorios” surgidos de la necesidad de restaurar un orden supuestamente destruido (o amenazado) por un líder demagógico o por la movilización popular. En la Argentina de 1955 el golpe de estado que acabó con el gobierno de Juan D. Perón se autoidentificó como “Revolución Libertadora”; por su parte, la dictadura genocida de 1976 se refería a sí misma con el pomposo nombre de “Proceso de Reorganización Nacional.” En otros casos, los golpes se ocultan bajo nobles y patrióticas consignas como “Gobierno de Reconciliación Nacional”, “Gobierno de Salvación Nacional” u otras por el estilo. En segundo lugar, porque si se caracterizaba a lo ocurrido como un golpe se erigía un serio obstáculo para lograr el reconocimiento internacional del nuevo gobierno, debido al repudio generalizado que los golpes de estado suscitan en las nuevas democracias latinoamericanas y, en menor medida, al peso que había adquirido en nuestra región la Carta Democrática Interamericana. O sea, se optó por montar una farsa (como luego se haría en el caso hondureño) al hablar de un “gobierno de transición” o un “interinato”, eufemismos utilizados para no llamar al golpe de estado por su verdadero nombre.

De hecho, esta tergiversación semántica facilitó que el nuevo gobierno fuese inmediatamente reconocido por George W. Bush y José María Aznar, dos personajes que, parafraseando a George Bernard Shaw, tienen tanta relación con la democracia como la música militar con la música. No sólo eso: apenas producido el golpe el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, señaló que la causa de la crisis era la polarización política y la conflictividad social inducida por las políticas de Chávez y que en las semanas previas al golpe funcionarios estadounidenses se habían reunido con Pedro Carmona (“el empresario que sucedió a Chávez”, según la tramposa caracterización de Fleischer) y con numerosos conspiradores civiles y militares para conversar sobre este asunto. El colofón de todas estas artimañas se conoció el mismo 12 de Abril, apenas unas horas luego de concretado el golpe, cuando Bush y Aznar dieron a conocer una insólita declaración conjunta en la que sostenían que “los gobiernos de Estados Unidos y de España, en el marco de su diálogo político reforzado, siguen los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela con gran interés y preocupación, y en contacto continuo”. Ambos mandatarios además manifestaban “su rechazo a los actos de violencia que han causado una cantidad de víctimas” a la vez que expresaban “su pleno respaldo y solidaridad con el pueblo de Venezuela y su deseo de que la excepcional situación que experimenta ese país conduzca en el plazo más breve a la plena normalización democrática”. Es más, poco antes de que Carmona prestara juramento, la Presidencia española de la Unión Europea -anteponiendo sus afinidades con los golpistas a los principios democráticos de los que la Unión Europea se reclama fiel representante- emitió una declaración oficial en la que “manifiesta su confianza en el gobierno de transición en cuanto al respeto de los valores e instituciones democráticos, con el fin de superar la crisis actual”.2 Este autor, asesor parlamentario de Izquierda Unida en España, también asegura que Madrid y Washington habían reconocido que sus representantes en Caracas mantuvieron contacto continuo y una estrecha coordinación en los días previos y durante el golpe. El 13 de abril, el embajador de España en Caracas, Manuel Viturro de la Torre, junto al embajador de Estados Unidos, Charles S. Schapiro, acudieron juntos para entrevistarse personalmente con el presidente del así llamado “gobierno provisional” después que éste disolviera la Asamblea y avasallara la Constitución. Fueron los únicos diplomáticos que se entrevistaron con Carmona, avalando sin tapujos todo lo actuado por los golpistas.

El golpe ahora desaparecido de la vista de los lectores del Informe Latinobarómetro 2009 no sólo contó con el apoyo de Estados Unidos y España. También obtuvo la aprobación de algunos otros gobiernos: Colombia, presidido entonces por Andrés Pastrana, y El Salvador, por Francisco Flores. El golpe se produjo mientras tenía lugar en San José, Costa Rica, la XVI Cumbre del Grupo de Río. Los presidentes allí reunidos consensuaron una tibia declaración en donde se condenaba la “interrupción del orden constitucional” (falaz argumento que años después utilizaría la Secretaria de Estado Hillary Clinton para referirse a lo ocurrido en Honduras) cuidándose con esmero emplear la expresión “golpe de estado”.

Si no se esperaba otra cosa de Bush y Aznar, la desagradable sorpresa la produjo la reacción del gobierno chileno ante los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Venezuela. El presidente Ricardo Lagos declaró en San José que “lamentamos profundamente los hechos de violencia y la pérdida de vidas humanas. Instamos también a la normalización de la institucionalidad democrática, pero al no tener el cuadro completo de situación le pedimos a la OEA que sea la encargada de hacer una evaluación del asunto”, al paso que agregaba que “tal como se ven las cosas hasta el momento "sería apresurado hacer declaraciones concluyentes”. 3 Pero la Canciller chilena, Soledad Alvear, de rancia prosapia demócrata cristiana, vio las cosas de otra manera y atolondradamente emitió un venenoso comunicado que, siguiendo puntualmente la línea establecida por la Casa Blanca, acusaba de los hechos de violencia y alteración de la institucionalidad al depuesto presidente Hugo Chávez. De este modo, el supuesto “gobierno modelo” de las transiciones democráticas de América Latina reprendía a la víctima y se alineaba claramente con el victimario. El vergonzoso mensaje de Alvear –¡jamás repudiado o desautorizado por Lagos!- decía textualmente que “el gobierno de Chile lamenta que la conducción del gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática con un alto costo de vidas humanas y de heridos, violentando la Carta Democrática Interamericana a través de esta crisis de gobernabilidad”.

En otras palabras, la cancillería chilena culpaba al gobierno de Chávez de violar la institucionalidad democrática y cargaba las tintas sobre un pasaje de la declaración del Grupo de Río que condenaba la “interrupción del orden institucional en Venezuela generada por un proceso de polarización”, proceso que se atribuía exclusivamente al gobierno bolivariano. El propio Lagos declaró, todavía en San José, que “se condena el hecho porque hubo una interrupción del orden constitucional. Ese es un hecho. Pero, por otra parte, nos parece muy importante la capacidad que tengamos de colaborar con las nuevas autoridades para salir adelante”, una manera muy sutil de reconocer a los golpistas. Y ese era el otro hecho: el golpe de estado. Pero de ese hecho Lagos no habló. Obediente a ese llamado a la colaboración formulado por su presidente, el embajador de Chile en Venezuela, Marcos Álvarez, no se demoró en hacer explícito su respaldo a los golpistas destacando que “el nuevo Presidente tiene una excelente relación con Chile”. En línea con las declaraciones de sus superiores se negó a calificar a la destitución de Chávez como un golpe de estado. Apenas unas horas después del arresto de Chávez dijo textualmente a varios medios de su país que “aquí no se ha hablado de golpe de estado. No lo ha habido (...) Hoy me asombra la tranquilidad y civilidad de este pueblo empapado de democracia durante 40 años. Las democracias, sabemos, también son imperfectas, pero son democracias al fin y al cabo”. Tiempo después Santiago procuraba despegarse de los dichos de su embajador y le solicitaría a Álvarez su renuncia al cargo. Pero el daño ya estaba hecho. 4

Cabe preguntarse: ¿por qué los redactores de Latinobarómetro pasaron por alto un golpe de estado como el que efímeramente triunfara en Venezuela? No tenemos elementos para dar una respuesta definitiva aunque sí podemos arriesgar una conjetura, que es la siguiente: porque en la visión ofuscada e ideológicamente sesgada del pensamiento convencional de las ciencias sociales, pensamiento al cual adhieren los redactores del Informe, en Venezuela no hubo un golpe de estado sino una breve escaramuza institucional que fue resuelta en 48 horas. Claro que esta opción no es inocente porque al interpretar las cosas de esta manera se vela el accionar de la derecha, los golpistas, y la coalición reaccionaria que no vaciló en engañar al pueblo, asesinar a inocentes en la masacre de Puente Llaguno y quedar a un paso de producir un magnicidio, con las imprevisibles consecuencias que esto podría haber acarreado para la sociedad venezolana. Se oculta también un hecho que la historia confirma una y otra vez: que si la democracia logró consolidarse fue siempre y en todas partes a pesar de la oposición –a veces pacífica pero en muchos casos violenta- de la burguesía y la derecha política. Y que cuando aquella amenaza desbordar los muy estrechos límites de la democracia burguesa aún la derecha “más institucional y legalista” -caracterización que con harta ingenuidad se le atribuía a la derecha chilena a comienzos de los años setentas- no vacila en arrojar por la borda todos sus escrúpulos y apuesta todas sus cartas a la recomposición violenta del orden amenazado. Tal como Marx lo apuntara en un célebre pasaje de El 18 Brumario de Luis Bonaparte , la burguesía siempre preferirá “un final con terror al terror sin fin” materializado en el constante avance de los plebeyos y la amenaza a sus riquezas y privilegios. Esa fue la opción de la derecha chilena (incluyendo, obviamente, a la hipócritamente centrista y legalista Democracia Cristiana) el 11 de Septiembre de 1973 y esa fue también la opción de la derecha venezolana el 11 de Abril del 2002. Sólo que en este último caso la reacción popular le quebró la mano a los golpistas. Cosas como estas no pueden ser dejadas de lado en ningún análisis riguroso sobre la vida política de nuestros países. En estos casos, el silencio tiene un insoportable olor a complicidad.

La larga saga del golpismo latinoamericano

Pero, ¿fue el que se produjo en la República Bolivariana de Venezuela el único golpe que ignoraron los redactores del informe? Un breve recuento, sumario in extremis, indica que no. Que en realidad en los últimos 31 años hubo varios más.5 Entre ellos, sobresalen los siguientes, también olvidados, y que apenas mencionaremos aquí.

El Salvador 1979

El 15 de Octubre de 1979 se produce el golpe de estado que depone al gobierno conservador del general Carlos Humberto Romero e instala una autotitulada Junta Revolucionaria de Gobierno. La creciente represión del depuesto presidente no lograba contener el impresionante crecimiento de la protesta social que a falta de canales institucionales de expresión se inclinaba cada vez con mayor decisión hacia la lucha armada, engrosando los cuadros del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Ante ello la respuesta oficial fue intensificar las operaciones represivas y dar rienda suelta a los paramilitares de la ultraderecha. Esto produjo el estallido de una guerra civil que se prolongaría entre 1980 y 1992 y que enfrentaría a las fuerzas armadas salvadoreñas con el FMLN hasta que, ante la imposibilidad de que alguna de las dos partes pudiera triunfar, se firmaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec en Enero de 1992. En los meses iniciales de la guerra civil se produjo el asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, ultimado mientras celebraba misa por un comando paramilitar de ultraderecha. Cabe señalar que el proceso político salvadoreño estuvo fuertemente influenciado por lo que estaba ocurriendo en otros países del área, muy especialmente Nicaragua, donde la prolongada lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional acababa de derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle en Julio de 1979.

Bolivia 1978, 1979, 1980

El 24 de Noviembre de 1978 un golpe de estado comandado por el general David Padilla derrocó al también general Juan Pereda Asbún. El golpe declaraba su intención de democratizar la vida política del país convocando a elecciones generales, mismas que se efectuaron en Julio de 1979 consagrando el triunfo de Hernán Siles Zuazo. Dados los antecedentes del candidato y su gestión presidencial en 1956-1960 en la fase final de la Revolución Boliviana de 1952, tanto Estados Unidos como las dictaduras del Cono Sur presionaron fuertemente para evitar que el Congreso lo designara como presidente dado que en las elecciones no había alcanzado la mayoría absoluta de los votos. Ante la imposibilidad de lograr una mayoría parlamentaria que lo instalara en el Palacio Quemado el Congreso optó por designar provisoriamente a Walter Guevara Arce con el mandato de convocar a nuevas elecciones presidenciales en 1980.

No obstante, el 1º de Noviembre de 1979 un sangriento golpe militar -que dejó por lo menos un centenar de muertos y más de treinta personas desaparecidas- derrocó al gobierno. No obstante, la enconada resistencia popular hizo que el jefe de los golpistas, Alberto Natusch Busch, tuviera que presentar su renuncia un par de semanas después, ocasión en la que el Congreso designó como presidenta interina a Lidia Gueiler, fijándose además la fecha de la próxima elección presidencial el 29 de Junio de 1980. Realizadas las elecciones, luego de un fracasado intento de asesinar a Siles Zuazo mediante la voladura del pequeño avión que debía transportarlo durante su campaña electoral, el resultado de la misma lo consagró una vez más como ganador. Esto precipitó un nuevo golpe de estado, perpetrado el 17 de Julio de 1980, liderado por Luis García Meza y Luis Arce Gómez, dos políticos estrechamente vinculados al narcotráfico y a la dictadura militar argentina. El régimen encabezado por García Meza hizo del terrorismo de estado su principal instrumento de gobierno, dejando un luctuoso saldo de víctimas en todo el país. Acosado por las grandes movilizaciones populares debió ceder el poder el 4 de Agosto de 1981, abriéndose un período de transición que culminaría el 10 de Octubre de 1982 con la asunción de Hernán Siles Zuazo a la presidencia de la república, reconociéndose como válido el resultado de los comicios que tuvieran lugar en 1980.

Paraguay 1989

Un golpe de estado perpetrado el 3 de Febrero de 1989 bajo el liderazgo del general Andrés Rodríguez puso fin a la dictadura del general Alfredo Stroessner que había gobernado durante 34 años con mano férrea y haciendo gala de un rabioso anticomunismo que le valió el constante apoyo de Washington. Entre las principales medidas tomadas por Rodríguez se cuentan la legalización de los partidos de oposición (antes el único reconocido legalmente era el Partido Colorado), el encarcelamiento y posterior exilio de Stroessner, la abolición de la pena de muerte y la derogación de la ley marcial, en vigencia durante unos treinta años. Poco tiempo después convocaría a elecciones y su candidatura triunfaría por estrecho margen sobre sus competidores, dando inicio a un proceso de institucionalización democrática que, pese a sus limitaciones, continúa hasta el día de hoy. Las razones profundas que pudieron haber motivado su golpe en contra de quien era no sólo su socio comercial sino también su consuegro son aún desconocidas, pero con el derrocamiento del stroessnismo se abrió una nueva página en la vida política del Paraguay.

Haití 1988, 1990, 1991, 2004

Es bien conocida la inestabilidad que caracteriza la vida política de la primera nación en conquistar su independencia en América Latina y el Caribe. Haití pagó muy cara su osadía: emanciparse del yugo francés y abolir la esclavitud desencadenó una serie de represalias de su antigua metrópolis y sus aliados en el “mundo libre” que convirtieron a una de las más valiosas joyas coloniales del Caribe en el país más pobre del hemisferio occidental.

En Junio de1988, un golpe de estado derrocó a Leslie F. Manigat, quien había triunfado en las primeras elecciones libres del país organizadas una vez concluida la dictadura de Jean-Claude Duvalier. El autor del golpe fue a su vez derrocado por otro golpe, perpetrado por Prosper Avril en Septiembre de ese mismo año. En Marzo de1990 Ertha Pascal-Trouillot es designada presidenta provisional, para ser a su vez derrocada por un golpe en Febrero de 1991. Jean-Bertrand Aristide, que había triunfado en las elecciones es derrocado el 30 de Septiembre de 1991. Exiliado por unos años, regresa en 1994 para concluir su mandato. Re-electo en 2001, un nuevo golpe lo desaloja del poder en 2004.

Conclusión

El pensamiento hegemónico en el mundo de las ciencias sociales idealiza no sólo los procesos económicos al proponer falsas y absurdas teorías sobre el “efecto derrame”, por ejemplo, según la cual en un cierto momento la acrecentada riqueza de los más ricos tropezaría con un límite que haría que proporciones crecientes de aquélla comenzaran a “derramarse hacia abajo” aliviando de este modo la pobreza de los más pobres. El saber convencional también hace lo propio con la política, al postular una concepción igualmente errónea de la democratización que nada tiene que ver con los violentos y complejos procesos que en el mundo real hicieron posible que un reducido grupo de naciones construyeran un estado y una sociedad democráticas.

Entre otras cosas el paradigma hegemónico en la ciencia política convencional persuade a sus cultores que sólo lo que se puede contar cuenta, y que se puede hacer un buen análisis político prescindiendo del estudio de los condicionantes estructurales y el influjo de los factores históricos. Errónea visión que, dado el colonialismo cultural que prevalece en la periferia del imperio, va de la mano con la aceptación acrítica de los presuntos “desarrollos teóricos y metodológicos” procedentes de la academia norteamericana a la vez que rechaza, con similar enjundia, los aportes que el pensamiento crítico ha realizado para el análisis de los grandes temas de la realidad latinoamericana

Esta radical distorsión ocasionada por una teoría que es poco más que la codificación de las ideas dominantes en la sociedad actual -que, como Marx y Engels lo señalaran en La Ideología Alemana, son las ideas de la clase dominante- ha propiciado la proliferación de visiones idílicas sobre los “avances democráticos” en América Latina y el Caribe, concebidos como una flecha ascendente e irreversible hacia la democracia liberal definida según el ejemplo del bipartidismo norteamericano. Componentes centrales de este modelo democrático son el presuntamente virtuoso “corrimiento hacia el centro” del espectro político y la exaltación de la buena gobernanza entendida, claro está, como la congruencia entre las políticas públicas del estado “democrático” y las preferencias de los amos del mercado. Se comprende que a la luz de estas premisas ideológicas fenómenos como el chavismo o la experiencia gubernativa de Evo Morales y Rafael Correa, para no hablar de la Revolución Cubana, no sean otra cosa que aberrantes desvíos o francos retrocesos del “correcto” rumbo de la historia.

Una concepción como esa no puede sino ignorar los grandes conflictos sociales y la violencia que signaron los progresos democráticos en el mundo desarrollado, conflictos y violencia que también se despliegan en los países de la periferia como producto de la tenaz resistencia que las clases dominantes oponen a las luchas populares por la democracia. Una visión idílica, que concibe a la democracia como el terso despliegue de una voluntad democratizadora al margen de reacciones, restauraciones y contramarchas -es decir, al margen de la lucha de clases- es igualmente inepta para dar cuenta de las reiteradas tentativas de revertir los avances democráticos, por imperfectos que sean, y para restaurar por la vía autoritaria del golpe de estado un orden predemocrático congruente con los intereses dominantes. 6 Al idealizar a las muy imperfectas “democracias realmente existentes” de la región (repetimos: en su mayoría, plutocracias travestidas) el golpe de Honduras apareció ante los ojos de los redactores del Informe Latinobarómetro 2009 como un insólito rayo caído luego de treinta y un años de cielos serenos. Los golpes de estado en Bolivia, El Salvador, Haití, Paraguay y Venezuela tanto como las turbulentas sucesiones presidenciales experimentadas por varios países fueron ignorados en medio del desaprensivo entusiasmo generado por los avances de lo que Samuel P. Huntington (paradojalmente, uno de los teóricos más enconadamente adversarios de la democracia) denominara la “tercera ola democrática”. Con esas anteojeras teóricas los numerosos golpes de estado de las tres últimas décadas simplemente se invisibilizaron, y los redactores del Informe cayeron víctimas de este engaño.

www.atilioboron.com

Fuente: www.rebelion.org

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Rafaél Corréa: "Si Estados Unidos hubiera querido acabar con el golpe de estado en Honduras, lo hubiera podido hacer en 48 horas"

"Si Estados Unidos hubiera querido acabar con el golpe de estado en Honduras, lo hubiera podido hacer en 48 horas" así lo ha dicho a euronews Rafael Correa el Presidente de Ecuador. Después de reivindicar su alianza con el Bloque Bolivariano, compuesto por Venezuela, Bolivia y Nicaragua, ha críticado la política latinoamericana de Barack Obama.


Fuente: euronewses - Youtube.com




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domingo, 3 de enero de 2010

"Pacificación" presidencial en América Latina, la "ignorancia intencional" de Obama y Honduras

Noam Chomsky

La Jornada

Barack Obama es el cuarto presidente estadunidense en ganar el Premio Nobel de la Paz y se une a otros dentro de una larga tradición de pacificación que desde siempre ha servido a los intereses estadunidenses.

Los cuatro presidentes dejaron su huella en nuestra pequeña región de allá, que nunca ha molestado a nadie como caracterizó al hemisferio el secretario de Guerra, Henry L. Stimson, en 1945.

Dada la postura del gobierno de Obama hacia las elecciones en Honduras de noviembre último, vale la pena examinar el historial.

Theodore Roosevelt

En su segundo mandato como presidente, Theodore Roosevelt dijo que la expansión de pueblos de sangre blanca o europea durante los pasados cuatro siglos se ha visto amenazada por beneficios duraderos para los pueblos que ya existían en las tierras en que ocurrió dicha expansión (pese a lo que puedan pensar los africanos nativos americanos, filipinos y otros beneficiados puedan creer).

Por lo tanto, era inevitable y en gran medida deseable para la humanidad en general, que el pueblo estadunidense terminara por ser mayoría sobre los mexicanos al conquistar la mitad de México”, además de que estaba fuera de toda discusión esperar que los (texanos) se sometieran a la supremacía de una raza inferior.

Utilizar la diplomacia de los barcos artillados para robarle Panamá a Colombia y construir un canal también fue un regalo para la humanidad.

Woodrow Wilson

Woodrow Wilson es el más honrado de los presidentes galardonados con el Nobel y posiblemente, el peor para América Latina. Su invasión a Haití en 1915 mató a miles, prácticamente reinstauró la esclavitud y dejó a gran parte del país en ruinas.

Para demostrar su amor a la democracia, Wilson ordenó a sus marines desintegrar el Parlamento haitiano a punta de pistola en represalia por no aprobar una legislación progresista que permitía a corporaciones estadunidenses comprar el país caribeño. El problema se remedió cuando los haitianos adoptaron una Constitución dictada por Estados Unidos, redactada bajo las armas de los marines. Se trataba de un esfuerzo que resultaría benéfico para Haití, aseguró el Departamento de Estado a sus cautivos.

Wilson también invadió República Dominicana para garantizar su bienestar. Esta nación y Haití quedaron bajo el mando de violentos guardias civiles. Décadas de tortura, violencia y miseria en ambos países fueron el legado del idealismo wilsoniano, que se convirtió en un principio de la política exterior estadunidense.

Jimmy Carter

Para el presidente Jimmy Carter, los derechos humanos eran el alma de nuestra política exterior. Robert Pastor, asesor de seguridad nacional para temas de América Latina, explicó que había importantes distinciones entre derechos y política: lamentablemente la administración tuvo que respaldar el régimen del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, y cuando esto resultó imposible, se mantuvo en el país a una Guardia Nacional entrenada en Estados Unidos, aun después de que se habían perpetrado matanzas contra la población de una brutalidad que las naciones reservan para sus enemigos, según señaló el mismo funcionario, y en que murieron unas 40 mil personas.

Para Pastor, la razón es elemental: Estados Unidos no quería controlar Nicaragua ni ningún otro país de la región, pero tampoco que los acontecimientos se salieran de control. Quería que los nicaragüenses actuaran de forma independiente, excepto cuando esto podía afectar los intereses de Estados Unidos.

Barack Obama

El presidente Barack Obama distanció a Estados Unidos de casi toda América Latina y Europa al aceptar el golpe militar que derrocó a la democracia hondureña en junio pasado.

La asonada reflejó abismales y crecientes divisiones políticas y socioeconómicas, según el New York Times. Para la reducida clase social alta, el presidente hondureño Manuel Zelaya se había convertido en una amenaza para lo que esa clase llama democracia, pero que en realidad es el gobierno de las fuerzas empresariales y políticas más fuertes del país.

Zelaya adoptó medidas tan peligrosas como el incremento del salario mínimo en un país en que 60 por ciento de la población vive en la pobreza. Tenía que irse.

Prácticamente solo, Estados Unidos reconoció las elecciones de noviembre (en las que resultó victorioso Pepe Lobo); las que se celebraron bajo un gobierno militar y que fueron una gran celebración de la democracia, según el embajador de Obama en Honduras, Hugo Llorens.

El apoyo a los comicios también garantiza para Estados Unidos el uso de la base aérea de Palmerola, en territorio hondureño, cuyo valor para el ejército estadunidense se incrementa medida de que está siendo expulsado de la mayor parte de América Latina.

Después de las elecciones, Lewis Anselem, representante de Obama ante la Organización de Estados Americanos, aconsejó a los atrasados latinoamericanos que aceptaran el golpe militar y secundaran a Estados Unidos en el mundo real, no el el mundo del realismo mágico.

Obama abrió brecha al apoyar un golpe militar. El gobierno estadunidense financia al Instituto Internacional Republicano (IRI, por sus siglas en inglés) y al Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés) que, se supone, promueven la democracia.

El IRI regularmente apoya golpes militares para derrocar a gobiernos electos como ocurrió en Venezuela, en 2002, y en Haití, en 2004. El NDI se ha contenido. En Honduras, por primera vez, éste instituto acordó observar las elecciones celebradas bajo un gobierno militar de facto, a diferencia de la OEA y la ONU, que seguían paseándose por el mundo del realismo mágico.

Debido a la estrecha relación entre el Pentágono y el ejército de Honduras, así como la enorme influencia económica estadunidense en el país centroamericano, hubiera sido muy sencillo para Obama unirse a los esfuerzos de latinoamericanos y europeos para defender la democracia en Honduras.

Pero Barack Obama optó por la política tradicional.

En su historia de las relaciones hemisféricas, el académico británico Gordon Connell-Smith escribe: Mientras se habla de dientes para afuera en favor de una democracia representativa para América Latina, Estados Unidos tiene importantes intereses que van justo en la dirección contraria, y que requieren de la democracia como un mero procedimiento, especialmente cuando se celebran elecciones que, con mucha frecuencia, han resultado una farsa.

Una democracia funcional puede responder a las preocupaciones del pueblo, mientras Estados Unidos está más preocupado en coadyuvar las condiciones más favorables para sus inversiones privadas en el extranjero.

Se requiere una gran dosis de lo que a veces se conoce como ignorancia intencional para no ver estos hechos.

Una ceguera así debe ser celosamente guardada si es que se desea que la violencia de Estado siga su curso y cumpla su función. Siempre en favor de la humanidad, como nos recordó Obama otra vez en su discurso al recibir el Premio Nobel.

Traducción: Gabriela Fonseca

Fuente: jornada.unam.mx

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Frente de Resistencia y Presidente Zelaya: Personajes destacados de 2009


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Tegucigalpa. Desde los tiempos de la colonia, Honduras se ha caracterizado por ser un pueblo pacifico, sumiso y muy dependiente de quienes siempre le han gobernado es por esta razón que el hondureño común tiene la cultura de la pasividad, es por naturaleza resistente, siendo incapaz desde aquel entonces de dirigir los destinos de la patria sin la influencia incisiva de los criollos.



La llegada del siglo XXI, así como trajo importantes cambios para el mundo también nos obsequió la posibilidad de creer en nuestro potencial como nación, como pueblo unido en defensa de lo que nos pertenece por convicción, con el ascenso al poder en el 2006 de Manuel Zelaya, se abrió un nuevo camino para llegar a realizar la patria grande con la cual hondureños amantes de su tierra han soñado desde que tienen conciencia critica.


El mandatario desde inicios de su administración empezó a remodelar las viejas políticas que fueron creadas para enriquecer a los ricos, su mandato como lo había pronosticado en su candidatura, dio los primeros frutos con la instauración de ayudas orientadas a paliar la crítica economía del hondureño, aunque el hecho le granjeara enormes problemas con la banca y la empresa privada, llegando al extremo hasta desafiar a la comunidad internacional a fin de llevar a cabo sus propósitos de disminuir la pobreza.REGRESO1.gif


Ningún presidente se había preocupado tanto por devolverle al pueblo un poco de fe en si mismo, hasta que los enemigos de su bienestar interfirieron para obstruir el camino que nos llevaría a la liberación de las ataduras arrastradas desde la época colonial.


Su presencia en la embajada sudamericana son signos de valor dignos de admirar aunque cada día aumenten sus infortunios a causa de los vejámenes y atropellos de los que a diario a sido objeto por parte de los serviles de la oligarquía criolla.


Impidieron el desarrollo económico, pero no el despertar de un pueblo que abrió sus ojos gracias al presidente Zelaya quien ha dejado una profunda huella en las páginas de la historia catracha, será recordado por haber incitado a la unidad y la creación de una nueva patria a favor de las grandes masas.


Sin embargo la labor del mandatario no hubiera sido posible sin la heroica participación del Frente Nacional de Resistencia Popular, que a más de 188 días, ha creado conciencia en la ciudadanía, que desde ya reclaman profundas transformaciones sociales, desde la distribución equitativa de la riqueza, hasta la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, que redacte una nueva Constitución Política más humana y democrática en beneficio de las mayorías.


Su ejemplo es digno de ser imitado y muchos jóvenes de la nueva generación ven en este hijo de Morazán de raíces olanchanas la grandeza de su amor por Honduras, porque ha logrado despertar el sentimiento patrio que yacía dormido en el paso del tiempo pero que nunca mas volverá a caer en él.



Fuente: ellibertador.hn

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Una nueva constitución hondureña: el preámbulo

Galel Cárdenas

Todo el sistema político de dominación económica y social, al que está sometido el pueblo hondureño, se asienta en varios factores: el factor económicos cuyo dominio lo ejercen 10 familias casi todas de apellidos árabes, o como les denominamos en este espacio, los hijos del desierto. También se le denomina Poder Fáctico, fáctico viene del latín Factum que significa hecho, es decir el poder de hecho, ya que en ninguna legislación está expresado que las familias poderosas deben poseer el dominio general de la nación, como es el caso de Honduras. De allí emanan los demás poderes que dirigen el destinado de la nación y del pueblo, desde la perspectiva de las leyes y el orden del Estado.

Para que todo ese orden, ese sistema cambien, para que la inequidad, la injusticia, la redefinición de la soberanía nacional y demás valores que representan la identidad nacional cambien, es necesario un giro en el rumbo de las aspiraciones nacionales de toda la comunidad hondureña.

Es necesario un reordenamiento general del país con respecto fundamentalmente a los valores generales del país: valores constitucionales, valores morales, políticos, valores morales económicos, valores morales sociológicos, etc.

¿Cómo se llevará a cabo este recambio? He allí el punto de arranque.

Necesitamos una nueva constitución que implique una verdadera representatividad del pueblo, una representatividad real, no diferida como hasta ahora sucede. La representatividad real significa que un campesino representa a un campesino, un obrero a un obrero, un maestro a un maestro, un albañil a un albañil, un intelectual a un intelectual, y no como sucede ahora que los partidos burgueses de la oligarquía, los tradicionales representan al pueblo. Un dirigente popular debe estar representado como expresión soberana de las masas campesinas, obreras, magisteriales, universitarias, profesionales, etc.

¿Cómo se logra que tal elemento básico de representación se exprese en la constitución nueva, que implique al pueblo en su más profunda dimensión de clase dominada y explotada por siglos y siglos?

Todo ello Se logra a través de una nueva Asamblea Constituyente.

La Asamblea Constituyente es un organismo colegiado que tiene como función reformar o redactar la Constitución. Ese organismo que representa al pueblo en su dimensión real, en su significación popular, en su concepto soberano, posee todos los poderes para retomar todo el andamiaje normativo de la carta constitucional y transformarlo de principio a fin.

Esa Asamblea Nacional Constituyente es una reunión de personas que representan al pueblo y que tienen a su cargo dictar la nueva ley fundamental de organización del Estado. La representación debe ser participativa, no sólo por partidos políticos tradicionales completamente enajenados de sus principios morales de representatividad nacional, si no además por los campesinos, obreros, profesionales universitarios, amas de casa, desempleados, trabajadores informales, asociaciones gremiales magisteriales, productores agrícolas, en fin, todo aquel sector que tiene un rol social en el decurso de la vida nacional.

La asamblea puede ser no institucionalizada o institucionalizada. Se llama Asamblea Institucionalizada a la que ha sido regulada por una Constitución anterior a la Constituyente, por lo general asume funciones de reformar el texto fundamental en los tópicos de interés de los constituyentes. Claro si esta constituyente está conformada por político tradicionales, empresarios y voceros del poder fácticos y mediático, las reformas serán tibias y desaliñadas.

Pero, cuando se proclama una Asamblea Constituyente no Institucionalizada, la que ha nacido espontáneamente, sin ningún nexo con la anterior constitución, entonces la reformulación se produce completamente, desde el preámbulo hasta los artículos transitorios que siempre figuran hasta el final del texto constitucional.

En la historia de Occidente la primera Asamblea Constituyente fue la francesa de 1789 en Honduras la última fue proclamada en 1981.

Ante la mentira de los políticos tradicionales de que no se puede reformar la Constitución de la República, la respuesta es que los pueblos son los que deciden cuando y cómo deberá reformarse la constitución que los pueblos mismos proponen y disponen.

En Honduras se han instalado 15 asambleas constituyentes desde 1824 hasta la fecha. La prueba la otorga el mismo Congreso nacional, cuando en 1995, Rodolfo Irías Navas , publicó el texto Galería y Semblanzas, Presidentes de Asambleas Constituyentes y Congresos Nacionales, en este texto en la página 91 se exponen las fechas de las Asambleas Constituyentes y los Congresos Nacionales.

En el siglo XIX se instalaron 9 asambleas constituyentes: 1824,1825, 1831,1838, 1847, 1865, 1873,1880 y 1894.

En el siglo XX, el recién finalizado las asambleas instaladas fueron 6, la de 1904-1906 bajo la dirección de Fausto Dávila, la de 1922-1923, bajo la dirección de Miguel Navarro, la de 1924 con Ramón Alcerro Castro a la cabeza, la de 1957 bajo la conducción de Ramón Villeda Morales, la de 1965 bajo la batuta de Mario Rivera López y la de 1981, bajo mando de Roberto Suazo Córdova.

Como se podrá observar entre 1824 y 1981, en 157 años, se ha modificado la Constitución 15 veces, a un promedio de una reforma cada 10 años. Entonces la mentira de los golpistas cae hecha añicos por la historia que ellos mismos han protagonizado.

La Asamblea Nacional Constituyente se produce gracias a un factor muy importante, el poder constituyente. Este poder constituyente es la soberanía del pueblo que tiene la atribución de establecer la norma de un reordenamiento jurídico, dando origen a un nuevo estado o a un estado reformado.

Cuando por vez primera se funda una nación se denomina Poder Constituyente primario u originario, y cuando no es así se le llama poder derivado.

El poder constituyente se define como la voluntad política creadora del orden, que requiere naturaleza originaria, eficacia y carácter creador. Es así mismo una voluntad soberana, suprema y directa que tiene un pueblo para construir un Estado, dándole la personalidad que ese pueblo quiere, y darse la organización jurídica y política según sus anhelos y esperanzas sociales, políticas, económicas y culturales.

Se debe aclarar que la naturaleza del Poder Constituyente es política fundamentalmente y se requiere para incorporar todo aquello que satisfaga los intereses de las masas, de los gremios, de etc.

Se le denomina el Tercer Estado, por su naturaleza creadora, originaria, primigenia y única, ya que es perentoria, o sea tiene una poca duración, y sólo es convocado para crear y recrear el Estado. Es un poder incondicionado ya que no posee límites normativos formales o materiales. No existe una legislación para el poder constituyente ya que expresa una voluntad representativa única en el tiempo y en el espacio. Se reúnen los constituyentes y crean o reforman una constitución, luego ese organismo constituyente muere hasta que es convocado otro para realizar las funciones y roles que le correspondan.

La legitimidad es la única norma moral y política que posee. O sea que es cierto, genuino y verdadero en cualquier línea.

El titular del poder constituyente es el pueblo, a veces también se le puede denominar, la nación. Pero, es más prudente manejar el concepto de pueblo como titularidad del Poder Constituyente, dado que pueblo designa una entidad pluralista, contiene a individuos, asociaciones, grupos, iglesias, comunidades, personalidades, instituciones, articuladores de intereses, ideas, creencias, y valores tanto plurales como convergentes.

El poder constituyente es la capacidad que tiene el pueblo para darse su organización política jurídica, así mismo para sumir en cualquier momento la toma de decisiones que considere prudente, no sólo en la etapa inicial y creadora del Estado si no también en cualquier instante posterior al nacimiento del mismo. Esta teoría entonces nos remite a las 16 constituyentes históricas de Honduras, por que de alguna manera, el poder constituyente de 1824 es padre de la constituyente de 1981 y la que vendrá después en tiempos ulteriores. Todos estos poderes posteriores a 1824 se llaman poderes constituyentes derivados.

Entonces, los poderes del Estado que coexisten al momento de la instalación de la Asamblea Constituyente, debidamente Constituidos, pueden sufrir cambios a la hora en que el poder constituyente decida re-estructurar el Estado, como quiera, sin restricciones, libre de toda vinculación a organizaciones pretéritas.

Este es el preámbulo de la asamblea Constituyente, la convocatoria a un poder Constituyente, a un poder del pueblo, a un soberano que se dicta a sí mismo lo que desea normalizar para alcanzar la felicidad de todo un conglomerado llamado pueblo consciente, independiente, soberano y libre.

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La historia de la resistencia política hondureña, como se ha expresado en otros trabajos de esta naturaleza, tiene cuatro momentos históricos fundamentales y que pertenecen a la lucha del pueblo hondureño por su libertad, por la justicia y por su soberanía.

Esos cuatro momentos son:

a. La Insurrección de Lempira.

b. La revolución morazanista

c. La huelga del 54

d. La Resistencia Nacional contra el golpe de Estado.

Se han caracterizado estos momentos históricos, por que el pueblo ha sido el protagonista en forma masiva, beligerante y transformadora.

Son los momentos más lucidos del pueblo en la lucha de masas, dado que han sido conducidos por una utopía sin precedentes en cada etapa.

En el primer movimiento, la indigenidad (algunos autores utilizan la palabra indianidad, aún cuando para Severo Martínez, el indio es el indígena sometido) hondureña se alzó en armas contra un ejército invasor español, es famosa una frase que la historia registra de Lempira contra las propuestas de Alonso de Cáceres: no quiero saber de otro rey, de otras leyes y otras costumbres. Algunos historiadores se apartan de la historia de Lempira que contó el Cronista español Antonio de Herrera y asumen la versión de un soldado llamado Rodrigo Ruiz, a través de un documento de probanza, en el cual este último reclama al rey derechos de
Encomienda.

Pero este no es el punto de partida, si no, la insurrección que describe otro historiador hondureño Longino Becerra, mediante su trabajo “Lempira: Héroe Nacional”, dice así: “Como Lempira observó el sacrificio de numerosos caciques de la región, dispuso hacer una encarnizada resistencia. Por ello convocó a cerca de 200 pueblos, entre los que se encontraban las tribus de los Cares, enemigas de los cerquines por tradición y quienes, ante el peligro común, aceptaron la unidad para enfrentarse al ejército español. El Cronista Antonio de Herrera, dice lo siguiente sobre esta unidad indígena: “para esta guerra se pacificó y confederó con los Cares, sus enemigos: junto los hombres de más de 200 pueblos, y de señores y caballeros conocidos, tenía más de dos mil”.

Históricamente entonces, la primera gran movilización popular de Honduras tiene como referencia la insurrección de Lempira en 1537, cuando los indígenas hondureños le hicieron frente a los conquistadores españoles. Es en este momento cuando nace el principio de soberanía nacional, de libertad, de independencia y de justicia.

El segundo gran momento es el referido a la revolución morazanista. Tal como así lo califica el mismo Longino Becerra quien ante la vida, obra y pensamiento de Francisco Morazán (Evolución Histórica de Honduras, 10a edición, 1994, Baktún Editorial, Tegucigalpa ,Honduras, página 110 y subss), expresa: “La revolución democrático burguesa impulsada por Morazán con una gran decisión involucraba todo un programa contra la aristocracia feudal, el clero recalcitrante y el colonialismo inglés. Pero este gran esfuerzo tropezó con dos grandes obstáculos para alcanzar los objetivos más altos: la resistencia encarnizada de las clases dominantes y la falta de una burguesía suficientemente fuerte para abrir la posibilidad de que, a los triunfos militares del gran estratega, se unieran también las victorias económicas. Lo primero obligó a Morazán a mantenerse en constante movilización , sin contar con la necesaria calma para llevar a cabo las transformaciones previstas en su programa. Lo segundo determinó que fuera completamente imposible consolidar el proceso revolucionario y, de esta manera, impedir el retorno del oscurantismo.”

Como se puede observar, Morazán fue un hombre superior a su tiempo, su recorrido por Centroamérica, al mando del ejército Protector de la Ley, logró que la Federación Centroamericana, acompañada por patriotas como el salvadoreño Mariano Prado; el hondureño Dionisio de Herrera, los guatemaltecos José Francisco Barrundia, Pedro Molina y Mariano Gálvez, desde los gobiernos revolucionarios de sus tierras, respaldaran los intentos morazanistas de Consolidar el más grande sueño de un Centroamericano: la Federación.

El asesinato de Francisco Morazán en Costa Rica fue el más grande éxito de los conservadores centroamericanos, y al morir el gran Paladín, su sueño que es el sueño de los pobres, fue truncado históricamente. Sin embargo las medidas tomadas en su tiempo coadyuvaron para la transformación social de la época:

a. Estímulo al comercio, la inversión y las leyes hacendarias.

b. Libertad de imprenta.

c. Libertad de cultos

d. Educación pública

e. Base jurídica y exclusividad del matrimonio civil. Divorcio

f. Abolición de los diezmos

g. Nuevos códigos penales

h. Inicio de negociaciones con grupos holandeses para la construcción del canal interoceánico por Nicaragua.

El tercer gran movimiento de Resistencia que impacta la vida social y económica de Honduras, es la huelga de 1954.

La huelga de 1954 es un movimiento popular que moviliza 25.000 obreros, en el seno de las empresas bananeras, centro neurálgico de la economía y la política hondureña.

Los 69 días que estremecieron la economía y la política vernácula, constituye una épica hazaña que protagonizan los obreros y que reivindica la clase popular de Honduras. Tomás Erazo Peña, dice lo siguiente, acerca de este gran movimiento popular:

Entre el 1ro y el 2 de mayo de 1954, los trabajadores bananeros de Honduras se fueron a una huelga que, después de una semana, cubriría el país en un gran alzamiento que involucraría a casi la totalidad de los trabajadores del país. Nunca los huelguistas se imaginaron que estaban partiendo la historia de Honduras y formando un movimiento social sin precedentes.

Para entender este fenómeno, hay que recordar lo que eran los monopolios bananeros que, como la Unidad Fruit Co. y la Standard Fruit Co., no sólo dominaban la economía de Honduras y el Caribe, sino que eran un "Estado dentro del Estado", ponían y quitaban presidentes, controlaban el Congreso Nacional, y las leyes estaban a su servicio. Los trabajadores sufrían una explotación sin limites, no gozaban de ningún derecho laboral o social. El país estaba sometido desde hacia 25 años a una terrible dictadura que no permitía libertades políticas y no habían elecciones.

Los sindicatos y toda organización social habían sido disueltos al nomás llegar al poder político de Honduras el general Tiburcio Carias Andino. Lo mismo acontecía con los partidos políticos, en particular el Partido Comunista de Honduras de gran influencia entre los trabajadores bananeros. (Honduras: A 50 años del alzamiento popular de 1954).

Este movimiento, aún deja sentir sus huellas en la vida política, social y económica de Honduras, cualquier desarrollo de las conquistas de los trabajadores hondureños está signada por la gran huelga de 1954 y sus consecuencias políticas en la Honduras actual.

Todo reformismo posterior a este poderoso movimiento popular está afincado en línea de acción histórica del siglo XX.

Veamos algunas consecuencias:

a. 1955: derecho del sufragio a la mujer

b. 1956: creación del día internacional del trabajador

c. 1957: otorgamiento de la autonomía universitaria a la UNAH.

d. 1957: creación del Instituto de la Vivienda (INVA)

e. 1957: creación del Patronato Nacional de la Infancia.

f. 1958: creación del Instituto Hondureño de Seguridad Social

g. 1958: otorgamiento de la Paridad Estudiantil a la UNAH.

h. 1959: Ley del Seguro Social

i. 1959: ley del Código del Trabajo

j. 1961: Creación del Instituto Nacional Agrario (INA)

k. 1961: Ley de Reforma Agraria

La huelga del 54, es posiblemente, el movimiento popular de mayor envergadura de la época contemporánea, misma que sólo podría ser superada por un movimiento político que condujese a la creación de un Nuevo Estado, a una nueva constitución, a través de la Asamblea Nacional Constituyente, siguiendo la ruta trazada por Lempira y la insurrección nacional de 1537 contra los conquistadores españoles; la revolución morazanista calificada por Longino Becerra como una revolución democrático burguesa; la Huelga del 1954, la pequeña gran revolución hondureña que transformó las estructuras del aparato estatal burgués.

Este movimiento político se llama Frente Nacional de Resistencia que involucra a todos los hombres y mujeres que están convencidos, a partir del 28 de junio del año 2009, de que una nueva historia se está escribiendo en Honduras, la historia de la revolución popular de la década del 2010 en adelante.

Este cuarto momento de la Historia del a resistencia Hondureña, se está produciendo precisamente al inaugurar la segunda década del siglo XXI.

Un resumen muy sucinto de este movimiento nos arrojaría lo siguiente:

1. El gobierno de Manuel Zelaya Rosales que inició el 27 de enero de 2006 reivindicó la clase obrera, campesina y en general las capas medias con medidas políticas y sociales que constituyeron para los poderosos magnates de la economía nacional un aldabonazo a sus intereses de ultra-dominación de la economía y la política hondureña. El gobierno de Manuel Zelaya Rosales, el presidente de los pobres, el guía ideológico de la revolución pacífica nacional, puso al país en la comunidad internacional en términos de dignidad, de orgullo y de compaginación con los movimientos constitucionalistas revolucionarios del continente americano. Posiblemente, después de la legendaria figura de Francisco Morazán, no haya existido un gobernante y líder nacional, que pusiera al día las utopías populares a la altura de sus perspectivas concretas de poder político. El corto gobierno de Mel Zelaya, como Presidente Constitucional, que hace finalizar la primera década del siglo XIX, con los datos estadísticos más halagadores para el desarrollo social hondureño, mostró a la clase popular las reales perspectivas de alcanzar el poder mediante una lucha inquebrantable plena de principios democráticos sin precedentes en el siglo XX.

2. El golpe de estado del 28 de junio, evidenció que la derecha internacional comandada por el Departamento de Estado norteamericano, no está dispuesta a ceder un ápice de lo que considera su territorio feudal, en cuya cabeza se yergue el enemigo número uno de los pueblos latinoamericanos: el imperio yanqui. De allí la cruenta guerra de baja intensidad que se libra en contra del pueblo hondureño en resistencia.

3. El día 28 de junio de 2009, se fundó el más poderoso de los movimientos populares que haya registrado en la historia nacional desde el siglo XX. Los mártires y los líderes que conducen este movimiento vislumbran con claridad cual es el destino del pueblo y cuál es el método de lucha hacia la conquista del poder popular.

4. Las clases populares han aceptado el reto de organizar un movimiento político que satisfaga los sueños, anhelos y esperanzas de un pueblo en lucha, un pueblo de pie, y un pueblo que se prepara para la victoria. Y como dice Oscar Figueroa del PCV, “el camino es duro, pero es el camino”, desde esa perspectiva se percibe a la distancia toda una fase de lucha y de trabajo arduo y sordo. El año del arranque de esta lucha ya organizada en un Frente amplio es el año de 2010.

5. Lempira, Morazán, Cabañas, Del Valle y de más héroes alumbran el movimiento popular del Frente nacional de Resistencia.

Esta fase de la lucha sigue su camino y se espera que los frutos sean para mañana, la mies que satisfaga el anhelo de un pueblo por su libertad total e incondicional.

Los cuatro momentos de la historia del movimiento popular en Honduras, representan el paradigma de la historia del pueblo hondureño en su lucha por la soberanía, la justicia y la equidad, en tanto complemento de los primigenios derechos humanos.

Estos momentos históricos constituyen el contexto de las asambleas constituyentes que le dieron a Honduras las reales perspectivas de su completa liberación.

Fuente: Vos el soberano

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